¿Tus bacterias intestinales pueden aumentar el riesgo de piedras en los riñones?

Oxalobacter formigenes y su rol como aliada contra los cálculos renales

La bacteria Oxalobacter formigenes destaca como una aliada potencial contra los cálculos renales gracias a su capacidad para degradar el oxalato en el intestino. (Shutterstock)

Oxalobacter formigenes es una bacteria que vive en el intestino y tiene algo muy llamativo: usa el oxalato como fuente de energía. Eso importa porque el oxalato es una sustancia presente en alimentos como espinaca, remolacha, cacao, nueces y algunos tés, y también se produce dentro del cuerpo.

Cuando el oxalato se absorbe en exceso, puede aumentar en la orina y favorecer la formación de cálculos de oxalato de calcio, que son los más comunes.

Por eso, durante años, esta bacteria se ha visto como una especie de “aliada natural”. La idea es sencilla: si Oxalobacter formigenes degrada parte del oxalato dentro del intestino, entonces podría quedar menos oxalato disponible para absorberse y, en consecuencia, menos oxalato llegaría a la orina.

Esa lógica biológica sigue siendo sólida y está respaldada por estudios experimentales y observacionales.

Microbiota intestinal alterada

Ahora bien, aquí viene la parte importante: que la teoría sea buena no significa que ya tengamos una solución clínica clara.

La evidencia más reciente muestra que las personas con cálculos renales suelen tener una microbiota intestinal alterada, y varios trabajos sugieren que la pérdida de bacterias que degradan oxalato, entre ellas Oxalobacter, puede formar parte del problema.

Incluso un estudio de 2024 en animales mostró que transferir microbiota de pacientes con litiasis a ratas favoreció cambios compatibles con mayor riesgo de piedras, como más oxalato urinario y menos citrato.

Sin embargo, el panorama no es tan simple como “si tengo menos Oxalobacter, me va a dar piedra”.

Investigaciones recientes insisten en que el riesgo depende de una red completa de bacterias, de la dieta, del calcio intestinal, de la barrera intestinal, del uso de antibióticos y de cómo cada persona maneja el oxalato. En otras palabras, Oxalobacter formigenes importa, pero no trabaja sola.

Otro punto clave es el efecto de los antibióticos. Un estudio en humanos mostró que la colonización por Oxalobacter formigenes puede disminuir de forma importante después de ciertos antibióticos, y en algunos individuos esa pérdida persiste.

Esto refuerza la idea de que el microbioma intestinal puede modificar el manejo del oxalato, y también ayuda a explicar por qué algunas personas pierden esa “protección” bacteriana.

¿Entonces sirve tomarla como probiótico? Ahí la evidencia todavía es mixta. Un estudio de prueba de concepto publicado en 2025 mostró que administrar bacterias vivas logró colonizar a adultos sanos y redujo la excreción urinaria de oxalato en alrededor de 14 %, lo cual es prometedor.

Pero ensayos previos, sobre todo en contextos como hiperoxaluria primaria, no siempre han mostrado beneficios claros. Por eso, hoy no puede decirse que ya exista una recomendación firme para usar Oxalobacter formigenes como tratamiento estándar.

La conclusión más honesta es esta: Oxalobacter formigenes es una bacteria muy interesante y probablemente relevante en la prevención de algunos cálculos renales, pero todavía no es “la solución mágica”.

Lo que sí sigue teniendo base fuerte es cuidar la hidratación, evitar restricciones extremas de calcio dietético, ajustar el exceso de oxalato en quienes tienen hiperoxaluria y revisar el contexto intestinal completo, no solo una bacteria aislada. La ciencia va avanzando, pero todavía estamos en una etapa de construcción, no de certezas absolutas.

Especialidad en Nutriología Clínica en INTEC. Master en Nutrición y Alimentación en Universidad de Barcelona (UB). Ejerce su práctica profesional en NEP CENTER.