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Las múltiples formas de Cecilia García

La ética de trabajo detrás de la gran polifacética dominicana

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Las múltiples formas de Cecilia García
Cecilia García es una artista integral y empírica. (ARCHIVO/DIARIO LIBRE)

Hay admiraciones que vienen de lejos. De esos domingos, a finales de los años ochenta, en que una se sentaba frente al televisor —sin saber muy bien qué estaba aprendiendo—con la intuición clara de que había algo distinto.

Eso era ver a Cecilia García en su programa Cecilia en facetas. Allí se desplegaba una artista plena: cantante, actriz y humorista, capaz también de detenerse en conversaciones que importaban.

Se considera artista. Y en esa palabra caben todas sus formas. No ha sido una cantante popular en el sentido más convencional y, sin embargo, es profundamente conocida. Pero por otra vía: el humor.

Desde ahí entró a las casas de los dominicanos, se volvió parte de la cotidianidad, casi como una vecina en El Show del Mediodía.

Cecilia es, además, completamente empírica. No pasó por escuelas de teatro, canto o baile. Creció en una casa donde la música era una forma de vida. Sus padres, músicos innatos, cantaban, tocaban, hacían dúos.

Siempre había un piano o una guitarra. En esa bohemia doméstica —entre amigos, familia, canciones— se fue afinando un oído y una sensibilidad que luego encontrarían su cauce natural.

Empezó a cantar a los dieciséis años, antes incluso de terminar el bachillerato, y muy pronto se encontró rodeada de grandes artistas, de quienes se fue nutriendo.

De ahí viene, quizás, su manera de entender el oficio: una ética, un respeto por el trabajo, por el otro, por lo que se hace. Y también una claridad poco frecuente: saber cuándo no. Una exigencia que no negocia.

Ser productora, en su caso, no es un añadido, sino una forma de sostenerse: elegir qué hacer, cómo hacerlo y bajo qué condiciones.

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Infografía

Habla del escenario sin romantizarlo. De los nervios, de esa mezcla de emoción y responsabilidad que aparece antes de salir. Y de la diferencia entre sentirlos y dejarse arrastrar por ellos. Ahí —dice— está la línea entre ser o no profesional.

También hay una parte menos visible. Cecilia es disléxica. Leer, comprender, memorizar le ha exigido un esfuerzo distinto. Pero apareció otra cosa: la memoria. Y con ella, la posibilidad de sostenerlo todo desde otro lugar, de ejercitarla sin descanso.

Vivió décadas fuera de la República Dominicana, aunque nunca se fue del todo. Ahora está de vuelta porque —afirma— uno debe estar donde están sus afectos.

Una entiende entonces que Cecilia García no ha sido muchas cosas. Ha sido una sola, con múltiples formas. En esa coherencia está la razón de su permanencia.

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Abogada especialista en derecho administrativo, entusiasta de la cultura y la palabra escrita.