Dejación de funciones
Desde hace décadas, las autoridades han normalizado lo intolerable
Hace tiempo que los motoristas no son un problema para el tránsito: son un asunto de orden público. Hace años que pasó el momento de “exhortar a la ciudadanía”, de “hacer un operativo", de bla, bla, bla…
Se apandillan (“un golpe a uno, un golpe a to'"), manejan como kamikazes y tienen patente de corso. Cuando un agente se aparta para que pasen el semáforo en rojo les autoriza a manejar sin ley. Les concede el privilegio de infringir las normas porque ellos (motoristas y agentes) entienden que no se les aplican.
Al chofer Deivy Abreu Quezada lo mataron siete motoristas que ya están sometidos. Pero hay otros responsables: las autoridades que por décadas han permitido que tres millones de ciudadanos manejen vehículos de motor sin licencia ni control. Años de normalizar lo intolerable por parte de la autoridad que debía hacer cumplir la ley. Es un caso claro de dejación de funciones. Años de contar con ellos en campaña como fuerza de choque, de comprar la paz social que “garantizan" tres millones de padres de familia. ¡Como si los demás no tuviéramos parientes!
Hizo falta un homicidio en el Palacio de Justicia de Santiago para que se escuche que “no se puede seguir permitiendo el desorden". No es desorden, es caos. Ni siquiera en defensa de su propia vida manejan con sensatez.
Los muertos en accidentes, la tensión en las calles de las ciudades, el caos y ruido de los pueblos, el peligro de manejar en una autopista… es también un problema económico y de salud pública. (Piénselo: si un chofer en un camión de basura tiene que huir y buscar refugio, si le persiguen y matan, qué puede hacer usted si tiene la mala suerte de tropezarse con un problema en el tránsito…).
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