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Raphael: “Llevo años oyendo hablar de despedidas y aquí sigo”

A los 82 años, y tras superar un linfoma cerebral, el artista español regresa al Teatro Nacional con “Raphaelísimo” con una única función que promete hacer historia

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Raphael: “Llevo años oyendo hablar de despedidas y aquí sigo”
Raphael dará una única función en el Teatro Nacional el próximo 6 de mayo. (EFE)

El cantante español Raphael volverá a encontrarse con el público dominicano el próximo 6 de mayo en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito, donde presentará su espectáculo "Raphaelísimo", bajo la producción de César Suárez Pizano.

Su visita al país coincide con una etapa especial de su carrera. A finales de 2024, el artista fue diagnosticado con un linfoma cerebral primario, condición que lo mantuvo alejado temporalmente de los escenarios. Sin embargo, en mayo de 2025 retomó su gira internacional, con la que repasa los momentos más emblemáticos de su trayectoria.

Con 82 años, Raphael mantiene intacta su conexión con el público y una vigencia artística construida durante más de cinco décadas de éxitos.

Poco antes de su llegada a la República Dominicana, la Cámara de Diputados aprobó un reconocimiento que le será entregado por sus aportes a la música y su impacto en varias generaciones.

Previo a su presentación, el intérprete concedió una entrevista a Diario Libre, en la que habló sobre su esperado reencuentro con los dominicanos, el valor de regresar a los escenarios y los aprendizajes acumulados a lo largo de su extensa carrera artística.

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Infografía

Llega a Santo Domingo en medio de una gira internacional y con una única función en el Teatro Nacional. ¿Qué significado tiene esta presentación dentro de su recorrido actual?

Esta gira —que arranca tras la publicación de Ayer… aún, mi disco homenaje a la chanson francesa— tiene mucho de celebración; en ella festejo más de seis décadas dedicadas a la música y a mi público.

Y Santo Domingo siempre ha sido una plaza muy importante. El país cuenta con uno de los públicos más cultos y exigentes; la música está en su ADN. 

Después de más de seis décadas en los escenarios, ¿cómo se mira hoy como artista frente a ese joven que comenzó en los años 60?

Mantengo intacta la forma de entender este oficio: empecé muy pronto, en una industria completamente distinta, pero ya tenía claro que el escenario no admite trampas o medias tintas. Con los años ganas experiencia; pero la actitud —la entrega absoluta— no ha cambiado.

Ha atravesado distintas épocas de la música y de la industria. ¿Cuál ha sido el mayor reto para mantenerse vigente sin perder identidad?

Nunca he intentado ser alguien diferente a mí. He grabado con orquesta, con formatos más electrónicos y contemporáneos, he realizado múltiples colaboraciones… pero siempre fiel a mí mismo. Si pierdes eso, puedes sonar actual durante un tiempo, pero pronto dejas de ser reconocible porque te conviertes en alguien que no eres tú.

Ha construido un repertorio que varias generaciones reconocen. ¿Cómo decide qué canciones permanecen y cuáles salen en una gira como esta?

Hay canciones que no se negocian: forman parte de la historia compartida con el público. Pero también necesito incorporar nuevo material y actualizar mi repertorio. Suenan mis clásicos, y también canciones de Ayer… aún.

Temas como “Yo soy aquel”, “Mi gran noche” o “Qué sabe nadie” siguen siendo pilares. ¿Cómo evita que se conviertan en rutina y logra que cada interpretación sea distinta?

No las trato como piezas de museo; son obras vivas y cada noche suenan de una manera según la emoción del momento y el diálogo con el público

Ha trabajado con distintos formatos, desde lo sinfónico hasta lo más íntimo. ¿Esta gira recoge esa evolución artística?

Por supuesto; vais a escuchar momentos de canción melódica tremendamente emocional frente a otros más rock, electrónicos... Rehúyo de etiquetas; lo único que me interesa es crear desde la libertad y honestidad. Por eso, cada noche es diferente y resume 60 años de historia que seguimos escribiendo con cada show.

¿Cómo ha cambiado su forma de conectar con el público con el paso del tiempo?

Siempre he trabajado por y para el público. Después de tantos años... nos conocemos muy bien. He sido muy afortunado: no solo me apoyaran, si no que entienden mi propuesta. Y ello me da mucha seguridad para seguir creando.

¿Qué lugar ocupa República Dominicana en su historia personal y artística?

Es un país donde siempre he sentido una conexión muy directa. Desde las primeras veces que vine. Y con los años eso no solo se ha mantenido, sino que se ha ampliado. Me emociona ver a público de los años 60, 70... pero también recién llegado. ¡Reúno ya a cuatro generaciones distintas!

El público dominicano suele ser intenso, participativo y muy emocional. ¿Cómo influye eso en su manera de construir el concierto?

El concierto nunca es un monólogo. Hay lugares donde el público escucha de una manera más contenida y otros donde la participación es más abierta. Aquí hay una energía muy viva, vibrante, y eso hace que el concierto gane intensidad desde el primer acorde.

Como decía, el público dominicano es muy exigente; todo derivado de su amplio conocimiento en materia artística y musical.

Será una sola función. ¿Cómo se enfrenta a un concierto sin segunda oportunidad y qué tendría que pasar para que lo considere una noche perfecta?

Cuando sabes que no hay segunda noche, todo se intensifica. En cualquier caso, lo importante no es la perfección, sino que pase algo real entre el escenario y la sala.

Sus conciertos suelen ser largos y exigentes. ¿Qué nivel de preparación requiere hoy sostener ese ritmo?

Mucho. Siempre he sido disciplinado, pero con los años eso se vuelve aún más importante. Hay preparación vocal, física y también mental. Y algo fundamental: saber cuidar los tiempos de descanso antes del concierto.

Usted domina el silencio, las pausas y la mirada. ¿Ese lenguaje escénico es completamente consciente o sigue habiendo espacio para la improvisación?

Si... hay preparación y ensayo; si todo estuviera calculado, el espectáculo estaría muerto. Tiene que haber margen para que ocurran cosas en el momento, para reaccionar a lo que pasa en la sala.

Esta gira ha sido interpretada por muchos como un posible cierre de ciclo. ¿Cómo se relaciona usted con esa idea?

No. Yo trabajo sobre el presente. Llevo años oyendo hablar de despedidas y aquí sigo. Mientras tenga voz y ganas, no veo motivo para plantearlo en esos términos.

Después de todo lo vivido, ¿qué sigue siendo lo más importante cada vez que pisa un escenario?

Que lo que pase sea honesto. El público detecta enseguida cuando algo es automático. Puedes tener una gran producción, pero si no hay implicación real, no funciona.

¿Cómo le gustaría ser recordado en la historia de la música?

¿Crees que seré recordado? (risas). En ese caso, como alguien que se comprometió con su profesión. No solo con la música, sino con el público.

Manuel Alejandro es una figura central en su trayectoria. ¿Qué ha representado para usted y cómo marcó su carrera?

Entendió muy bien mi manera de ser artista. No solo escribía buenas canciones, escribía canciones que encajaban exactamente con una forma de decirlas. Esa conexión no es tan habitual. Y en mi caso fue determinante. Le debo mucho.

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Periodista. Subeditor de Revista en Diario Libre. Presidente de la Academia Dominicana de Periodistas de Arte y Espectáculos (Adopae).