De Australia a Oriente Medio: las hermanas dominicanas que llevan el cacao del país al mundo
Las hermanas Jannet y Erika Liriano crearon "Inaru" marca que apuesta por un modelo regenerativo que beneficia a los productores de cacao en República Dominicana

En un mueble en el condado de Queens, Nueva York y entre los recuerdos de una casa paterna en el sur de República Dominicana, comenzó a construirse una idea que hoy cruza continentes: demostrar que el cacao dominicano no solo se exporta, sino que puede transformarse en un producto de clase mundial.
Así nació Inaru, una marca creada por dos hermanas de origen dominicano, Janett y Erika Liriano, que, tras crecer en Estados Unidos, decidieron regresar al país para construir algo más que un negocio: un modelo que revaloriza el campo, el productor y el origen.
Desde pequeñas, crecieron escuchando una misma idea en casa: la República Dominicana es rica. Rica en tierra, en recursos y en potencial. Sus padres, oriundos del Cibao, emigraron en busca de mejores oportunidades para ellas y sus tres hermanas, pero nunca dejaron de hablar de la finca, del cacao, el café y de la posibilidad de volver.
Ese regreso tardó más de 18 años.
Ambas construyeron carreras exitosas en Estados Unidos, Erika en finanzas, Janett en biofarmacia, pero la inquietud persistía: trabajar tanto para otras personas, cuando podían poner ese mismo esfuerzo en un emprendimiento propio.
Entre 2018 y 2019 comenzaron a estudiar el mercado agrícola dominicano, viajando constantemente al país. En medio de ese proceso, en febrero de 2020, una llamada cambió el ritmo de todo. Su padre les pidió que viajaran a verlo ante el temor de perder a su madre.
Llegaron a la finca, en un momento familiar difícil, y en medio de ese contexto, entre conversaciones y recorridos por la tierra, la idea volvió a tomar fuerza.
“Ya son dos años de estudio, ¿por qué no ahora?”, pensaron.
Días después, el país cerró por la pandemia. Y lo que sería una visita temporal, se convirtió en el punto de partida.
Tras años de estudio del mercado agrícola dominicano, entendieron una realidad clave: el país produce una gran parte del cacao orgánico y premium del mundo, pero casi todo se exporta como materia prima. El valor real se genera fuera.
Chocolate de alto valor
Mientras el cacao dominicano sale del país como grano, en mercados internacionales se transforma en chocolate comercial y de alto valor. Esa desconexión fue el punto de partida.
“Si el cacao es tan valorado, ¿por qué el mercado no reconoce su origen?”, se cuestionaron.
La respuesta fue clara: había que crear una marca desde el origen.
“Inaru”, nombre que significa mujer, representa no solo a las fundadoras, sino también a la tierra, la fertilidad y la creación. Una conexión con el origen que buscan reflejar en cada etapa del proceso, desde sus empaques hasta los colores pensados para su marca.

El resultado es un producto que apuesta por la pureza: chocolate oscuro, ingredientes orgánicos y perfiles de sabor que varían según la cosecha, como ocurre con el vino.
Típicamente, en los mercados exteriores, una barra de 70 gramos se puede vender entre 8 y 11 dólares, incluso hasta 12 o 15, dependiendo del mercado. También manejan tamaños más pequeños, entre 3 y 5 dólares, lo que en contexto local supera los 300 pesos.
No hay químicos ni nombres imposibles de pronunciar; cuando lo abres hay una historia por dentro. Es un proceso de descubrimiento, porque entienden que primero se aprecia la belleza de la naturaleza y desde ese aprecio nace la curiosidad por disfrutarlo.
Inaru apuesta principalmente por el chocolate oscuro. Menos azúcar, más cacao. No para hacerlo más exclusivo, sino para que se sienta el origen: que cada cosecha tenga matices, que el sabor cambie, que no todo sea uniforme.
“Queremos que la gente entienda que esto no es solo un dulce”, dicen.
Que el cacao dominicano no sea un ingrediente anónimo en chocolates extranjeros, sino un protagonista reconocido a nivel mundial.
Pero más allá del sabor, hay un mensaje.
Estrategias internacionales y modelo regenerativo para el cacao dominicano
La marca busca “reeducar el mercado” sobre el origen de lo bueno. Que cuando se piense en chocolate de calidad, se piense en República Dominicana.
Por eso, aunque localmente está a la venta, su estrategia fue internacional desde el inicio. Han llevado su producto a mercados como Corea del Sur, Australia, Medio Oriente y Asia, apostando por consumidores dispuestos a valorar el origen y la calidad.
También están presentes en mercados como Qatar y Arabia Saudita, y han decidido no enfocarse tanto en Europa o Estados Unidos, más allá de la venta de ingredientes, para posicionarse en mercados en crecimiento y con mayor curiosidad por el producto. Actualmente, Australia se ha convertido en uno de sus mercados más fuertes, llevando el cacao dominicano literalmente a uno de los puntos más lejanos.
Desde el inicio, las hermanas entendieron que el verdadero cambio debía comenzar en la tierra. Apostaron por un modelo regenerativo que rompe con la dependencia exclusiva del cacao, uno de los principales riesgos para los productores.
“Menos cultivos aumentan el riesgo”, explican.
Por eso integraron otros productos como plátanos y guineos entre los árboles de cacao. Estos no solo generan ingresos adicionales mientras el cacao crece, sino que también aportan sombra, nutrientes y equilibrio al suelo.
La meta es clara: que los productores nunca se queden sin ingresos.
Porque, al final, transformar el cacao no es solo convertirlo en chocolate, sino cambiar todo lo que ocurre antes de que llegue a serlo.






Nicole Izquierdo