Archivos secretos sobre ovnis: esto es lo que realmente esperan encontrar los científicos
Expertos coinciden en que la publicación de archivos no cambiará la percepción actual sobre la vida inteligente en el universo

El posible levantamiento del secreto sobre archivos gubernamentales relacionados con ovnis y vida extraterrestre ha reactivado una pregunta que lleva décadas rondando la política y la ciencia: ¿qué esperan realmente encontrar los científicos cuando esos documentos se hagan públicos?
El debate se intensificó luego de que el presidente Donald Trump pidiera iniciar el proceso de identificación y divulgación de archivos vinculados con “vida alienígena y extraterrestre”, fenómenos aéreos no identificados (UAP, por sus siglas en inglés) y ovnis.
El anuncio se produjo días después de que el expresidente Barack Obama afirmara en un pódcast que los extraterrestres “son reales”, aunque luego aclaró que se refería a la alta probabilidad estadística de que exista vida en un universo vasto.
Más de 750 nuevos avistamientos de UAP fueron reportados entre mayo de 2023 y junio de 2024, según un informe oficial del gobierno estadounidense.
Aunque la mayoría siguen sin explicación definitiva, no existe evidencia pública que confirme origen extraterrestre. La eventual liberación de archivos podría permitir que investigadores externos revisen datos que hasta ahora han estado restringidos.
Sean Kirkpatrick, físico y primer director de la Oficina de Resolución de Anomalías de Todos los Dominios (AARO) del Departamento de Defensa, encargada de investigar ovnis, ha sido directo: no espera revelaciones sobre tecnología alienígena.
Durante su gestión, entre julio de 2022 y diciembre de 2023, analizó reportes que incluyeron desde prácticas internas en la Fuerza Aérea hasta maniobras destinadas a ocultar programas militares clasificados.
Según ha explicado, su equipo desclasificó todo lo posible y no encontró pruebas de presencia extraterrestre en la Tierra.
Perspectivas científicas
Kirkpatrick sostiene que, aunque considera probable que exista vida en algún lugar del universo, la posibilidad de que civilizaciones inteligentes estén aquí es “mínima o casi nula”. A su juicio, la publicación de archivos no cambiará ese panorama y podría alimentar nuevas teorías de encubrimiento entre sectores que ya desconfían de las conclusiones oficiales.
Una posición similar mantiene Federica Bianco, profesora asociada de astronomía y física en la Universidad de Delaware e integrante del equipo independiente de la NASA que estudió los UAP.
Bianco afirma que la probabilidad de que la humanidad sea la única forma de vida en el universo es muy baja. Sin embargo, aclara que no ha visto evidencia de fenómenos que violen las leyes de la física ni que requieran la intervención de una civilización extraterrestre para explicarlos.
El astrofísico Neil deGrasse Tyson, director del Planetario Hayden en Nueva York, ha resumido su expectativa con ironía: si aparece un extraterrestre real, no harán falta documentos.
Para Tyson, el análisis de los archivos podría servir sobre todo para mostrar que muchas personas interpretan erróneamente fenómenos ópticos, climáticos o astronómicos como objetos misteriosos. En la era de los teléfonos inteligentes y las redes sociales, argumenta, resultaría difícil ocultar una visita extraterrestre a escala global sin que existan imágenes verificables.
Desde la perspectiva de la astrofísica experimental, Shelly Wright, de la Universidad de California en San Diego y también integrante del panel independiente de la NASA, considera que la publicación puede ser útil, pero con limitaciones.
Anticipa que muchos documentos estarán fuertemente censurados debido a la sensibilidad de los sistemas de vigilancia militar que captaron los fenómenos. La revelación de ciertos datos podría comprometer la seguridad nacional.
Wright plantea, no obstante, que archivos de décadas pasadas podrían desclasificarse sin afectar capacidades actuales. Eso permitiría aplicar tecnologías modernas de análisis a datos antiguos, ofreciendo nuevas interpretaciones sin exponer sistemas en uso.
Para Janna Levin, profesora de física y astronomía en Barnard College, el interés científico no se centra en figuras humanoides de ciencia ficción, sino en señales más básicas: rastros de microbios. Los microorganismos fueron el punto de partida de la vida en la Tierra, y detectar indicios similares en otros entornos sería un hallazgo significativo. Levin incluso contempla la posibilidad de que microbios procedentes de otros cuerpos celestes hayan llegado a la Tierra transportados por objetos naturales.
Aun así, advierte que la comunidad científica no espera encontrar pruebas de tecnologías avanzadas de otras civilizaciones. Si los documentos incluyeran afirmaciones de ese tipo, dice, lo más probable es que generen decepción entre quienes esperan confirmaciones espectaculares.
El físico teórico Avi Loeb, de la Universidad de Harvard, adopta una postura distinta en cuanto al enfoque metodológico. Loeb insiste en que cada caso debe analizarse desde las leyes conocidas de la física. En su experiencia, muchos fenómenos aparentemente anómalos tienen explicaciones ordinarias.
Ha citado como ejemplo un video presentado ante el Congreso que mostraba un supuesto “orbe” frente a la costa de Yemen; tras examinarlo, concluyó que se trataba de un dron.
Loeb dirige el Proyecto Galileo, que busca posibles artefactos de civilizaciones extraterrestres cerca de la Tierra. Afirma que su interés no está en tecnologías desarrolladas por humanos, sino en identificar incidentes que no puedan explicarse dentro de las capacidades actuales.
Expectativas y limitaciones
De cientos de casos, considera posible que unos pocos resulten genuinamente anómalos, y son esos los que le interesa examinar.
En conjunto, la expectativa dominante entre científicos consultados es prudente. La mayoría no anticipa revelaciones sobre visitantes de otros mundos.
Más bien, esperan acceso a datos que permitan aclarar fenómenos, descartar hipótesis infundadas y aplicar análisis rigurosos. Si los archivos contienen información relevante, podría ampliar la comprensión sobre cómo se recopilaron y evaluaron los reportes de UAP. Si no, reforzará la conclusión de que, hasta ahora, no existe evidencia verificable de vida inteligente extraterrestre en la Tierra.
La incógnita no es si el universo alberga vida —muchos consideran que es probable— sino si los documentos gubernamentales contienen algo que cambie el estado actual del conocimiento. Según la mayoría de los expertos, la respuesta más probable es que no.


