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Wagner y Molina: una noche para descubrir a Wagner

Un recorrido por algunas de las oberturas y preludios más conocidos del compositor alemán, de la mano de la Orquesta Sinfónica Nacional y su director titular, José Antonio Molina

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Wagner y Molina: una noche para descubrir a Wagner
José Antonio Molina dirigirá a la Orquesta Sinfónica Nacional en el concierto dedicado a Richard Wagner, como parte de la Temporada Sinfónica 2026. (CEDIDA POR OSN)

A diferencia de Tchaikovski o Brahms, Wagner no es un compositor al que necesariamente se ama al instante. En mi caso, ha sido un gusto adquirido que se plantó poco a poco y ha ido creciendo con el tiempo, a medida que escucho sus obras y descubro nuevas formas de acercarme a ellas.

Y justamente eso propone el concierto que ofrecerán la Orquesta Sinfónica Nacional y su director titular, el maestro José Antonio Molina, el miércoles 7 de octubre, a las 8:30 pm, en el Teatro Nacional, como parte de la Temporada Sinfónica 2026:

  • adentrarnos en algunas de sus famosas oberturas, preludios y fragmentos orquestales para escuchar a Wagner desde distintos ángulos y, quizá, entender por qué su música sigue provocando fascinación.

Antes de escuchar a Wagner, hay que conocerlo

Pero antes de sentarnos a escucharla, vale la pena preguntarnos: ¿quién fue Richard Wagner?

Compositor alemán nacido en 1813 y fallecido en 1883, Wagner revolucionó la historia de la música por múltiples razones.

Una de ellas fue el desarrollo del concepto de leitmotiv: temas melódicos asociados con sensaciones, sentimientos, destinos, anhelos y premoniciones que aparecen, se transforman y se repiten a lo largo de una obra, aportándole una enorme fuerza expresiva y una particular unidad estructural.

En su época, el público, los críticos e incluso otros compositores recibían con desconcierto aquel nuevo lenguaje. No siempre sabían cómo escucharlo, qué buscar en él o hacia dónde dirigirse entre tanta carga simbólica y estética. Sin embargo, tampoco podían negar que allí había algo interesante, trascendente y hermoso.

Wagner fue, además, un personaje tan complejo como su música. La opinión general de su tiempo lo veía como una figura extraña, a medio camino entre filósofo y poeta frustrado, con aires de grandeza y un talento musical que podía ser genial, aunque también se le reprochaban su carácter, sus excesos y sus contradicciones.

Incluso sus problemas económicos fueron una constante. Pasó los últimos días de su vida en un apartamento con vistas al Gran Canal del palacio Vendramin, en Venecia, uno de los lugares más lujosos de Italia.

Lo había rentado sin poder pagarlo. Gastar más dinero del que tenía fue una costumbre que lo acompañó durante años y que incluso le ocasionó persecuciones en distintos estados europeos.

Con este contexto, vale la pena acercarnos ahora a las piezas que escucharemos en la Temporada Sinfónica 2026, en una noche dedicada a recorrer distintas facetas del universo wagneriano bajo la dirección de José Antonio Molina.

De la tormenta de La Valquiria al amor imposible de Tristán e Isolda

El recorrido comienza con el Preludio del Acto I de La Valquiria, una pieza puramente orquestal que, sin necesidad de texto ni cantantes, consigue describir una violenta tormenta. Desde sus primeros compases transmite tensión, oscuridad y agitación, preparando el terreno para el drama humano que está a punto de desarrollarse.

También aparece el motivo de Siegmund, agotado y huyendo de sus enemigos. En la ópera, los hermanos gemelos Siegmund y Sieglinde se reencuentran y terminan enamorándose, desafiando las leyes divinas y el destino que los dioses han trazado para ellos.

De ahí pasamos a Rienzi, inspirada en el tribuno romano del siglo XIV que intentó mejorar la situación de los plebeyos de Roma. Junto a sus seguidores, Rienzi consigue derrotar a una nobleza represiva, pero termina convirtiéndose él mismo en un demagogo y es atacado y asesinado por aquellos a quienes inicialmente defendió.

Aunque la ópera apenas se representa hoy, su obertura permanece como una de las piezas más conocidas de la obra, gracias a ese recorrido por varias de sus melodías.

Luego llegará la Marcha fúnebre de Sigfrido, uno de los grandes momentos instrumentales de El ocaso de los dioses, última parte de la tetralogía El anillo del nibelungo. Después de la muerte del héroe, los hombres levantan su cuerpo para llevarlo en una procesión solemne.

La orquesta, entonces, recupera mediante distintos leitmotivs momentos de su vida, sus triunfos y su destino trágico. El resultado es una pieza de enorme potencia dramática y profunda melancolía.

Un Wagner más brillante y festivo

En contraste, la Obertura de Los maestros cantores de Núremberg nos lleva hacia un Wagner más brillante y festivo. La pieza funciona como una síntesis musical de los principales temas de la ópera y combina la solemnidad de los maestros con la pasión y frescura del amor juvenil.

Allí aparecen el majestuoso tema de los maestros, el motivo del amor y la fanfarria de los caballeros. No sorprende que sea una de las obras más populares de Wagner en las salas de concierto.

En Lohengrin, por su parte, encontramos una tensión permanente entre lo terrenal y lo sagrado. Wagner construye ese contraste también desde la música, y una manera particularmente interesante de apreciarlo es comparar el Preludio del Acto I con el Preludio del Acto III.

Este último es brillante y jubiloso. Un torbellino de cuerdas introduce la boda de Lohengrin y Elsa, seguida en la ópera por la conocida marcha nupcial.

Las cuerdas luminosas, el uso moderado de metales y percusión y una armonía que se mueve continuamente entre distintas tonalidades crean una sensación de movimiento casi perpetuo, asociada con lo eterno y lo sagrado.

El acorde que cambió la música

Y llegamos así a uno de los momentos más revolucionarios del programa: el Preludio y el Liebestod de Tristán e Isolda, que corresponden al principio y al final de la ópera.

El Preludio comienza con cuatro notas suaves en los violonchelos. La última conduce al famoso “acorde de Tristán”, una disonancia que parece llevar inevitablemente hacia otra cosa. Pero Wagner retiene la resolución. El comienzo queda, entonces, suspendido, como si fuera un principio sin final.

Esa sensación acompaña una obra que explora la naturaleza inexplicable y primaria del amor. Wagner, profundamente influido por Schopenhauer durante la década de 1850, encontró en la leyenda de Tristán e Isolda el punto de partida para una ópera en la que el amor parece encontrar su verdadera realización más allá de la vida.

La idea alcanza su máxima expresión en el Liebestod, el “amor-muerte” que cierra la obra. El famoso acorde de Tristán reaparece a lo largo de la ópera y encuentra finalmente su resolución en este momento extático.

Con Tristán e Isolda, Wagner rompe definitivamente con buena parte de las convenciones del romanticismo y abre el camino hacia nuevas formas de entender la armonía y la articulación sonora que tendrían una enorme influencia en la música del siglo XX.

Deseo, pecado y redención

Finalmente, la Obertura de Tannhäuser nos presenta otro de los grandes conflictos wagnerianos: la lucha entre el deseo y la redención.

Estrenada en Dresde en 1845, la pieza funciona como un resumen musical de la ópera. Tannhäuser, caballero y trovador, vive dividido entre los placeres carnales de Venus y el amor puro de Elisabeth.

Después de abandonar a la diosa, confiesa públicamente su pecado durante un concurso de canto en Wartburg, lo que provoca el rechazo de la sociedad y lo lleva a peregrinar a Roma en busca del perdón.

Cuando este le es negado, regresa desesperado. Sin embargo, encuentra finalmente la redención espiritual gracias al sacrificio y la muerte por amor de Elisabeth.

Quizás esa sea una buena manera de acercarse a Wagner: sin la obligación de amarlo desde el primer compás, sino dejándose llevar por sus historias, sus símbolos, sus contrastes y esa música que, incluso cuando desconcierta, parece estar siempre conduciendo hacia algún lugar.

Demos la bienvenida a una noche de obras de Wagner que seguro captarán nuestra atención.


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Estudió artes liberales. Es curiosa y le encanta escribir. La lectura y la música son su pasión. Esa pasión le ha llevado a estudiar y tratar de profundizar en un océano lleno de notas inacabables y pleno de placer.