VIDEO | Kiko el Presidente: “La música fue una de las cosas donde me refugié para seguir adelante”
El merenguero típico habla sobre el impacto de la pérdida más difícil de su vida, el refugio que encontró en la música y la nueva etapa que inicia con “Flores en mi vida”
En una conversación íntima en Diario Libre, Kiko el Presidente abre su mundo sin artificios. Habla de música, de vida, de pérdidas y de reconstrucción. Pero, sobre todo, de un nuevo capítulo que define como especial: su tema “Flores en mi vida”, una pieza que no solo marca una etapa artística, sino también emocional.
“Es un tema que escuché en una actuación hace un año. Lo grabamos y me gustó mucho desde el principio”, explica. No fue una búsqueda calculada, sino un encuentro. Una canción que llegó en el momento justo y que, con el tiempo, ha ido creciendo de forma orgánica.
“Se ha ido escalando solo, y ahora estamos empezando a trabajarlo ya a nivel de promoción nacional e internacional”.
Pero más allá del impulso profesional, el artista insiste en el valor del mensaje. “Lo sentí muy mío, en la situación que estaba viviendo. Pensé que podía dejar algo a la sociedad, un mensaje positivo. Y la gente lo ha conectado mucho”.
La música como refugio
Cuando la conversación se adentra en los momentos difíciles, su tono cambia, pero no se quiebra. Habla de la música como un refugio constante, una especie de ancla emocional que lo ha acompañado desde la infancia.
“El tema estaba hecho antes de lo que pasó (el fallecimiento de su esposa, Eunice) pero sí lo hice pensando en lo que estaba viviendo”, confiesa. “La música me ayudó desde siempre. Es algo que llevo desde niño. Donde había tristeza, me aferraba a ella. La música da alegría, aunque también tristeza y melancolía”.
En ese recorrido emocional, reconoce que hubo momentos en los que debió detenerse a repensar su vida y su carrera. “Pensé mucho en mi público, en lo que todavía tenía para dar. La música fue lo que me sostuvo para seguir adelante”.
Del sueño al merengue típico
Su historia artística, dice, no empezó con certezas sino con sueños. “Empecé como un soñador, como empieza todo el mundo”, recuerda. Ensayos, pequeños grupos, intentos que iban y venían hasta encontrar un camino claro.
Ese camino llegó con el merengue típico, donde su carrera tomó forma y proyección. “Ahí fue donde empezó todo a ponerse serio. Ahí llegaron los éxitos”.
Sin embargo, no todo fue lineal. Habla de pausas, de etapas difíciles y de reconstrucciones personales y profesionales. Hoy, asegura, la carrera se retoma con otra visión, más madura y estructurada, bajo la guía del maestro Frasier Hernández, a quien describe como pieza clave en esta nueva fase.
“Estamos trabajando de nuevo como se debe. Con más amor, más experiencia y más entusiasmo”.

“La playa”: el punto de quiebre
En su relato, hay un tema que aparece como referencia obligada: “La playa”, que él define como el verdadero himno de su carrera. “Fue el tema que nos llevó a otro nivel. Nos abrió ciudades, nos llevó a Estados Unidos, Europa…”.
Ese éxito, explica, transformó su proyección artística y expandió su nombre fuera del circuito local. Pero también trajo nuevas exigencias. “Desde ahí empezamos a pensar en internacionalizar el merengue típico”.
Para Kiko, el merengue típico vive un buen momento, pero aún tiene desafíos importantes. La clave, sostiene, está en la expansión real del género más allá de sus territorios tradicionales.
“Hace falta que los artistas salgan del Cibao, de Santo Domingo, y lleven el género a otros países. Eso es lo que va a hacerlo crecer”.
No se trata solo de talento, insiste, sino de visión, estrategia y apertura. Y en ese punto, se incluye a sí mismo como parte activa de esa expansión.

La esencia intacta
A lo largo de los años, algo que no ha cambiado es la identidad artística de Kiko. Su voz, su estilo y su forma de interpretar siguen siendo reconocibles.
“Eso es la humildad, el respeto al público, el amor con el que uno canta”, afirma. “Ahí está la clave para mantenerse vigente”.
Raíces, familia y dolor
En su historia, la figura de su abuelo aparece como un pilar fundamental. Fue él quien le inculcó valores y disciplina desde la infancia. “Me enseñó el respeto, el trato humano. Eso me ha ayudado en todo”.
Pero también hay heridas. Entre ellas, una de las más profundas: la enfermedad de su esposa, Eunice, un episodio que marcó su vida personal y emocional.
“Ha sido lo que más me ha golpeado. Se sufre, se siente… pero también me dio más fuerza para seguir trabajando”.
Hoy, ese dolor convive con su motivación: su familia, sus hijos y sus nietos. “Tengo que luchar por ellos”.
El éxito después del éxito
Uno de los momentos más reflexivos de la entrevista llega cuando habla del éxito ya alcanzado. Lejos de la euforia inicial, lo describe como una responsabilidad constante.
“Cuando logras el éxito, es cuando hay que trabajar más. Hay gente que no quiere verte bien. Hay que saber con quién uno se rodea”.
- La madurez, dice, le ha enseñado a valorar lo construido y a protegerlo con más cuidado.
- Lejos de sentir que ha llegado a un punto final, Kiko ve su carrera como un proceso infinito. Nuevos géneros, nuevas fusiones, nuevas exploraciones musicales están en camino.
“Queremos hacer baladas, merengue de orquesta, experimentar con otros sonidos. La música es infinita”.

El legado que quiere dejar
Al final, la conversación se vuelve más personal. Cuando se le pregunta cómo quiere ser recordado, no duda.
“Como un artista humilde, respetuoso, que hizo las cosas bien y que amó a su público”.
Y añade una idea que resume todo su discurso: el legado no es solo artístico, también es humano.
“Quiero que hablen bien de mí cuando yo no esté. Que mi familia se sienta orgullosa. Eso es lo más importante”.
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Antes de despedirse, deja un mensaje directo a las nuevas generaciones: creer en sí mismos, incluso cuando el entorno no lo haga.
“Siempre te van a decir que estás loco. Pero si tú no crees en ti, no lo logras”.
Una frase que, en el fondo, parece resumir también su propia historia: la de un artista que ha convertido la persistencia en identidad, y la música en forma de vida.

Jeury Frías