Veintiún años después, un libro rescata los hallazgos arqueológicos de Punta Macao
Los investigadores Carlos Andújar y Gabriel Atiles documentan en la nueva obra las excavaciones realizadas en 2004 en esta zona de la provincia La Altagracia

En un empinado promontorio, con una vista panorámica de las aguas del mar Caribe que bañan las arenas de sus extensas playas, se sitúa el vasto asentamiento aborigen de Punta Macao.
Fray Bartolomé de las Casas refiere que Macao era “un pueblo grande de indios”, próximo al territorio de Higüey. A la vez de considerar que ambos “constituían dos provincias distintas”, ubicadas en la región oriental de la isla Española.
“Y parece -según Las Casas- haber razón para ello, por la diferencia grande que hay en grandeza y calidad, ser la de Higüey aquellas mesas de piedra o peña, y la del Macao muchas y grandes campiñas o sabanas”.
En el marco del XXXI Congreso Internacional de Arqueología celebrado recientemente en República Dominicana, se puso en circulación "Punta Macao. Compendio de la evolución cultural en la prehistoria del Caribe".

El libro que recoge las jornadas de rescate arqueológico realizadas en 2004 en el yacimiento de Punta Macao, La Altagracia —consideradas las más extensas e ininterrumpidas de la historia de la arqueología dominicana–.
Con la presentación de este volumen, coordinado por Carlos Andújar Persinal, entonces director general del Museo del Hombre Dominicano, y Gabriel Atiles Bidó, director del Departamento de Arte Rupestre de esa institución y responsable de los trabajos de campo, se cierra —o al menos se documenta por fin— un capítulo pendiente de la arqueología nacional: el de un proyecto ejemplar cuyas conclusiones habían quedado inéditas durante dos décadas por falta de continuidad institucional.
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Un yacimiento clave para el Caribe
Punta Macao, también conocida como el "Morro de Macao", en la provincia de La Altagracia, es descrita en el libro como un punto neurálgico para el estudio de las sociedades prehispánicas de La Española y de las Antillas Mayores en general.
Su relevancia radica en ofrecer una de las secuencias cerámicas y cronológicas más completas del extremo oriental de la isla, con una ocupación que va desde los primeros pobladores ceramistas hasta el período colonial.
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El sitio ya había llamado la atención de investigadores extranjeros desde principios del siglo XX, con los trabajos pioneros de Theodore de Booy y Herbert Krieger, y ganó protagonismo científico nacional a partir de la fundación del Instituto Dominicano de Investigaciones Antropológicas por Émile de Boyrie de Moya.
Fueron, sin embargo, las excavaciones de Marcio Veloz Maggiolo y Elpidio Ortega en 1972 las que sentaron las bases estratigráficas del sitio, al punto de que Veloz Maggiolo lo declarara zona de "estudio prioritario" para la arqueología dominicana.
La clasificación tipológica desarrollada por Manuel García Arévalo, conocida como el "Estilo Punta", sigue siendo hoy una referencia obligada para quienes estudian la cerámica taína de la región.
Arqueología de rescate ante el desarrollo inmobiliario
Lo que distingue a este proyecto de campo, realizado entre febrero y abril de 2004, es el marco en que se ejecutó: como arqueología de rescate, amparada en la Ley 64-00 de Medio Ambiente, ante el desarrollo del complejo residencial y turístico Rõco Ki, de la empresa Macao Beach Resort Inc.
La compañía promotora solicitó la colaboración del Museo del Hombre Dominicano no solo para las jornadas de excavación, sino para la supervisión arqueológica continua durante todo el movimiento de tierra del proyecto inmobiliario —un modelo de responsabilidad social intersectorial que el propio libro señala como precedente positivo, poco replicado desde entonces–.
El proyecto reunió, según describe la introducción, a la mayoría de los especialistas dominicanos en antropología, arqueología, biología, botánica, antropología física, palinología y arte rupestre activos en ese momento, en un esfuerzo verdaderamente multidisciplinario.
Entre los aportes que documenta el volumen destacan:
- el análisis geomorfológico de Abelardo Jiménez Lambertus sobre la relación de los pobladores prehispánicos con un hábitat dual —costa y sistema de cuevas, estas últimas usadas para el ritual, el refugio y contextos funerarios—.
- la documentación funeraria y las dataciones por radiocarbono de Fernando Morbán Laucer, complementadas por los estudios de Fernando Luna Calderón.
- y los análisis paleoecológicos de fauna y flora de Renato Rímoli y de palinología de Joaquín Nadal. José G. Guerrero, por su parte, había asociado previamente el poblado del sitio al entorno del cacicazgo de Cotubanamá.
El respaldo etnohistórico del sitio se apoya, según recoge el libro, en la Apologética Historia de Indias de Fray Bartolomé de las Casas y en el temprano mapa de Andrés Morales, que sitúan la región dentro de los grandes cacicazgos orientales de la isla.
Una publicación que rescata lo que el olvido institucional dejó pendiente
Con particular franqueza, los autores reconocen en la introducción que el libro no contiene las conclusiones finales de los trabajos de 2004, debido al cambio de autoridades en el Museo del Hombre Dominicano y al abandono posterior de este tipo de convenios entre instituciones públicas, empresas privadas y universidades internacionales.
Lo que sí ofrece es el rescate, veintiún años después, de las informaciones y pormenores de una de las jornadas mejor documentadas de la arqueología dominicana —un intento de saldar, aunque sea tardíamente, la deuda con un yacimiento que sufrió décadas de saqueo y huaquerismo local antes de que este proyecto llegara a protegerlo–.

La puesta en circulación de este volumen en el marco del XXXI Congreso Internacional de Arqueología no solo salda una deuda documental de dos décadas, sino que reabre la conversación sobre la necesidad de políticas de Estado que den continuidad a los proyectos de arqueología de rescate en República Dominicana, más allá de los cambios de administración.
El libro está firmado por Carlos Andújar Persinal y Gabriel Atiles Bidó.



Gabriel Atiles Bidó