Lecciones antiguas en palabras antiguas
Todavía nos queda mucho que aprender de los clásicos

Cuando pase el éxito fulgurante de su reciente versión cinematográfica, Odiseo seguirá navegando por el vinoso ponto y la Odisea seguirá, como lo viene haciendo desde hace casi tres mil años, haciéndonos disfrutar y pensar. Volver a Homero es volver a la Grecia antigua y a su lengua, a la que tanto debe el español.
Hoy quiero hablarles de cinco hermosas palabras griegas que forman el entramado de la narración de las aventuras y desventuras de Odiseo.
El télos (griego ) es el objetivo que nos marcamos, el propósito último de nuestras acciones. En Odiseo está más que claro: su télos es volver, volver, volver.
En su horizonte Ítaca, el hogar, la familia, el reino. Y no es solo volver a un espacio y a unas gentes, es volver a ser quien fue, es reencontrarse consigo mismo.
Ese volver es lo que los griegos conocían como nóstos (), el regreso. De esta palabra griega procede, a través del latín, nuestra nostalgia, una de las voces más hermosas, a mi parecer, del español. Nostalgia está formada por nostos ‘regreso’ y -algia, un elemento compositivo que significa ‘dolor’.
Y no solo dolor corporal, como en lumbalgia, pubalgia o neuralgia; también dolor del alma, como dice nuestro Diccionario de la lengua española, ‘pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos’. La nostalgia mueve a Odiseo, aunque a veces la olvide en brazos de Circe o de Calipso.
Ecos de Homero
Para lograr su objetivo Odiseo tiene que hacer gala de la metis (), de la que, como se nos recuerda en la Odisea, tiene a raudales. La metis del griego antiguo estaba relacionada con la habilidad, la destreza y la astucia. Más vale maña que fuerza, podría ser el lema de Odiseo.
A pesar de su astucia, Odiseo no puede sustraerse a su hybris ().
Cuando gracias a su metis (permítanme la licencia de traducirlo por tigueraje) logra salir airoso de su encuentro con Polifemo sin que el cíclope lo reconozca, no puede resistirse a su soberbia, a su hybris, y presume de su hazaña hasta ganarse la animadversión del dios Poseidón, que lo persigue incansable en sus dominios marinos.
De entre todas las palabras clave de la Odisea, quizás de la que más tengamos que aprender todavía hoy es de la xenía. El ritual de hospitalidad para con los desconocidos estaba establecido por Zeus Xenios, el dios griego Zeus en su condición de protector de los viajeros y los extranjeros.
La violación de la xenía está en el origen de la guerra de Troya y de la Ilíada.
Cando Paris, después de haber sido acogido por Menelao en Esparta, se lleva a Helena, su esposa, incurre, entre otras cosas, en una franca transgresión de la xenía, acción que está en el origen de la Guerra de Troya.
La hospitalidad era sagrada y se regía por un código de conducta que debía ser respetado por el anfitrión y por el huésped; sin importar quién fuera este, porque el ritual de acogida debía hacerse, y así lo leemos una y otra vez en la Odisea, antes de hacerle cualquier pregunta al recién llegado.
Nosotros pecamos, en cambio, de xenofobia, de xeno ‘extranjero’ y fobia ‘rechazo o aversión’, una palabra en la que ya no late nada del corazón griego.

María José Rincón