De monstruas y verdugas
La antífrasis no es más que designar a las cosas o a las personas con palabras que significan exactamente lo contrario de lo que deberíamos decir

Los autoantónimos nos trajeron de cabeza hace unas semanas. Si nos ponemos dramáticos (¿por qué no?), resultan un poco inquietantes. Hoy vamos a dejar los dramas a un lado, que ya bastantes tenemos en nuestra vida diaria.
Hoy les propongo un juego, un juego al que vamos a llamar con una palabreja rara y hermosa a la vez. Hoy vamos a jugar a la antífrasis.
Tan antigua como el ser humano, la antífrasis no es más que designar a las cosas o a las personas con palabras que significan exactamente lo contrario de lo que deberíamos decir.
Nos lo tomamos hoy como un juego, pero para la lengua es un recurso muy socorrido, sobre todo en el lenguaje coloquial, para recargar de expresividad ciertas palabras.
Muchas de estas antífrasis están tan extendidas en el uso que los mismos diccionarios las registran.
Debimos tirar más fotos
La última actualización del Diccionario de la lengua española ha incorporado una que se ha generalizado en los últimos tiempos, al menos en el español de España; se trata del empleo del adjetivo brutal no ya para para referirse, como hasta ahora, a algo irracional y violento, propio de las bestias, sino a algo magnífico y maravilloso.
Ahí tienen la antífrasis: destacamos el significado positivo (‘magnífico, maravilloso’) usando precisamente la palabra con el significado negativo (‘irracional, violento’).
Nada nuevo bajo el sol, sobre todo bajo el sol de la lengua. También usamos la palabra animal tanto para referirnos a una persona grosera e ignorante, a un patán de comportamiento zafio y rudo, como para designar a la persona que destaca extraordinariamente, como nos dice el diccionario, por su saber, inteligencia o esfuerzo.
Cuando decimos que alguien es un animal con la ortografía, podemos estar queriendo decir dos cosas muy diferentes. Algo similar sucede con la palabra monstruo, a la que el español dominicano le ha creado el femenino monstrua.
¿Por qué no? También las hay. Un monstruo puede ser una persona o cosa muy fea; también una persona de extraordinaria crueldad o perversidad. Todo en esta palabra parece tener matices negativos. Pero, si jugamos con la antífrasis, un monstruo, o una monstrua, puede ser también una persona extraordinaria en cualquier aspecto.
En el español dominicano tenemos una antífrasis particularmente creativa. ¿A quién pudo ocurrírsele jugar con algo tan tétrico y cruel como un verdugo? Cargada de matices negativos, la voz verdugo designa a la ‘persona encargada de ejecutar la pena de muerte u otros castigos corporales impuestos por la justicia’.
Y el Diccionario de la lengua española la registra solo en masculino, porque nunca se supo de una mujer que ejerciera ese oficio siniestro. Sin embargo, en el español dominicano hay muchas verdugas, y vaya si las hay.
Marileidy Paulino es una verduga, Brenda Castillo también; Crismery Santana, otra verduga. No solo hay verdugos en el deporte: Jeannette Miller, una verduga literaria, Ada Balcácer y Elsa Núñez, dos verdugas en la pintura.
Seguro que a ustedes se les ocurren muchas más. Nuestros verdugos y nuestras verdugas no tienen nada de espeluznante o funesto; son, por el contrario, personas que destacan extraordinariamente en algo.
Ya ven, somos unos verdugos cuando de jugar con las palabras se trata. Creatividad y expresividad en estado puro. Claro que la antífrasis no solo puede usarse para convertir lo negativo en positivo. El uso irónico de la antífrasis nos garantiza juego para rato.
María José Rincón