“Condorman”, el héroe olvidado de Disney que merece una segunda oportunidad
Estrenada en 1981, esta curiosa mezcla de película de espías, comedia y superhéroes nunca conquistó la taquilla

Cuando se habla de las películas de acción que se estrenaron al principio de la década de los años 80 es muy raro escuchar que se mencione una producción de Disney.
Sin embargo, existe una producción que, aunque nunca alcanzó el éxito comercial que el estudio esperaba, ha sobrevivido gracias al cariño de quienes la descubrieron en el cine, en la televisión o, años más tarde, en formato digital e internet.
Esa película es “Condorman”, una de esas rarezas que parecen haber quedado atrapadas entre dos épocas y que, precisamente por eso, resultan tan interesantes de revisitar.
Vista hoy, es fácil entender por qué la película dirigida por Charles Jarrott y protagonizada por Michael Crawford, Barbara Carrera, James Hampton y Oliver Reed terminó convirtiéndose en un clásico de culto.
No es perfecta ni pretende serlo, pero posee una personalidad propia que pocas producciones familiares de Disney tenían en aquella época. Su combinación de humor, espionaje, aventuras y referencias al mundo de los cómics la convierte en una propuesta muy distinta a la imagen tradicional que muchos tenían del estudio a principios de los 80.
Mucho más que una película de superhéroes
A primera vista, “Condorman” parece una historia de superhéroes. Después de todo, su protagonista diseña un alter ego con un traje llamativo, vehículos espectaculares y todo tipo de inventos imposibles. Sin embargo, basta avanzar unos minutos para descubrir que la película también funciona como una parodia del cine de espionaje.
Las persecuciones internacionales, los agentes secretos, la Guerra Fría y las organizaciones de inteligencia ocupan un lugar tan importante como las capas y los artilugios del protagonista. En realidad, el director Charles Jarrott consigue que ambos géneros convivan con bastante naturalidad, utilizando la comedia como el elemento que une todas las piezas.
Lo más curioso es que muchas de las situaciones resultan completamente absurdas. La idea de que la CIA apruebe construir vehículos inspirados en un personaje de cómic para una misión secreta parece sacada de una historieta humorística. Sin embargo, la película nunca intenta justificar ese disparate.
Lo acepta desde el principio y construye toda su historia alrededor de ese tono ligero, consiguiendo que el espectador termine aceptando las reglas de ese peculiar universo.

Un protagonista adelantado a su tiempo
Uno de los aspectos más interesantes de “Condorman” es su protagonista, Woody Wilkins (Michael Crawford).
Woody no es un científico brillante, un agente secreto ni un multimillonario con acceso a tecnología de última generación. Es un escritor e ilustrador de cómics obsesionado con dar realismo a sus historias. Antes de dibujar una escena de acción, intenta vivirla personalmente para comprobar si realmente funcionaría.
Ese detalle, que podría parecer simplemente un chiste, termina convirtiéndose en el verdadero motor de la película.
Actualmente estamos acostumbrados a vivir rodeados de superhéroes gracias al enorme éxito de Marvel y DC en el cine. Sin embargo, en 1981 ese fenómeno todavía estaba muy lejos de convertirse en parte de la cultura popular.
En cierto modo, Woody representa a ese fanático de los cómics que sueña con convertirse en el héroe que admira, una idea que décadas después terminaría siendo habitual tanto en el cine como en la televisión.
Por eso resulta tan interesante revisitar la película desde una perspectiva actual. Sin proponérselo, “Condorman” terminó adelantándose a una forma de entender la cultura de los superhéroes que hoy parece completamente normal.

Un reparto que entiende perfectamente el tono
Gran parte del encanto de la película reside en su reparto.
Michael Crawford interpreta a Woody con el entusiasmo necesario para que el personaje resulte simpático incluso cuando toma decisiones completamente irracionales.
Su química con James Hampton, quien interpreta a Harry, el amigo de la CIA que termina viéndose arrastrado a las extravagancias de Woody, funciona con total naturalidad y aporta algunos de los momentos más divertidos de la película. La amistad entre ambos se siente auténtica y ayuda a sostener buena parte del relato.
Barbara Carrera también realiza un trabajo muy sólido como Natalia. Poco después participaría en “Nunca digas nunca jamás” junto a Sean Connery y también compartiría pantalla con Chuck Norris, confirmando que poseía el carisma necesario para desenvolverse en el cine de acción de la época.
Oliver Reed, por su parte, disfruta claramente interpretando al villano Krokov y consigue construir un antagonista que resulta tan amenazante como entretenido.

Acción, humor y un enorme potencial desaprovechado
Las escenas de acción alternan constantemente entre persecuciones, peleas y situaciones cómicas. El resultado no busca el realismo absoluto, sino la diversión.
Los efectos especiales, desarrollados por Colin Chilvers, quien había trabajado en las películas de “Superman” protagonizadas por Christopher Reeve, cumplen muy bien su cometido y ayudan a que Condorman resulte creíble dentro del tono fantástico que propone la historia.
Para una producción de principios de los 80, el apartado técnico ofrece un nivel más que respetable.
Quizá lo más llamativo sea comprobar cuánto potencial tenía el personaje. Disney confiaba tanto en el proyecto que llegó a planificar una secuela antes del estreno. El fracaso en taquilla acabó con esos planes, pero la historia continuó viviendo a través de una novelización, adaptaciones al cómic e incluso una secuela publicada por Whitman Comics.
Décadas después, el personaje siguió apareciendo de forma esporádica en distintos productos de Disney e incluso existieron intentos de incorporarlo al universo Marvel tras la compra de la editorial por parte del estudio.
Todo ello demuestra que, aunque la película no alcanzó el éxito esperado, la idea nunca desapareció por completo.

Un héroe que todavía podría volver a volar
Resulta curioso pensar que vivimos en una época en la que prácticamente cualquier personaje de cómic puede convertirse en protagonista de una serie o una película de gran presupuesto, mientras “Condorman” continúa esperando una segunda oportunidad.
Con los recursos narrativos y tecnológicos de los que dispone Disney en la actualidad, no sería difícil imaginar una nueva versión del personaje, ya fuera en acción real, animación o incluso en formato de serie.
La premisa sigue teniendo encanto y conserva ese espíritu aventurero que podría conectar con una nueva generación si contara con un buen guion.
Mientras eso ocurre, quienes consigan encontrar la película en DVD o en formato digital descubrirán una aventura que, aunque tiene varias imperfecciones, sigue siendo tremendamente entretenida. “Condorman” es una producción que entiende muy bien el tipo de historia que quiere contar y nunca pretende ser más de lo que realmente es.


Joan Prats