¿Por qué algunas personas pierden más peso con los medicamentos para la obesidad?
Un estudio de Mayo Clinic encontró diferencias biológicas que podrían explicar por qué algunos pacientes responden mucho mejor a la tirzepatida que otros

Dos personas pueden seguir un tratamiento similar para perder peso y, sin embargo, obtener resultados muy diferentes. Una puede experimentar una reducción considerable de su peso, mientras que otra apenas consigue cambios.
Una investigación de Mayo Clinic plantea que una de las respuestas podría estar en algo tan básico como la forma en que el organismo regula el hambre después de comer.
El estudio, publicado en Gastroenterology, identificó un grupo de personas con obesidad que produce menores cantidades de determinadas hormonas relacionadas con la saciedad. En ellas, además, los alimentos permanecen menos tiempo en el estómago y la sensación de hambre puede regresar más rápidamente después de una comida.
La particularidad es que este grupo mostró una respuesta especialmente favorable a la tirzepatida, un medicamento que actúa sobre dos hormonas involucradas en el control del apetito y la glucemia.
Cuando el hambre regresa demasiado pronto

Sentirse satisfecho después de comer no depende únicamente de la cantidad de alimentos ingeridos.
El organismo cuenta con un complejo sistema de señales entre el aparato digestivo y el cerebro. Después de una comida, el intestino libera hormonas que ayudan a comunicar que ya se ha ingerido suficiente alimento.
Pero este mecanismo no funciona exactamente igual en todas las personas.
Los investigadores de Mayo Clinic identificaron un subtipo de obesidad en el que algunas de estas señales hormonales son menores. También observaron un vaciamiento gástrico más rápido y una mayor sensación de hambre después de las comidas. Es lo que se conoce como fenotipo de “intestino hambriento”.
Una persona con esta característica puede comer una cantidad considerada normal durante una comida y, aun así, volver a sentir hambre antes de lo esperado.
El resultado puede ser una mayor frecuencia de picoteo entre comidas, no necesariamente porque exista una falta de voluntad, sino porque los mecanismos biológicos que participan en la saciedad pueden estar funcionando de manera diferente.
La diferencia apareció con la tirzepatida

Los investigadores analizaron a 483 adultos con obesidad y encontraron tres tipos biológicos diferentes de la enfermedad.
Cerca de una cuarta parte de los participantes presentaba niveles más bajos de GLP-1 y de otras hormonas que intervienen en la sensación de saciedad.
Cuando recibieron tirzepatida durante seis meses, este grupo perdió, en promedio, 21.5 % de su peso corporal.
En contraste, quienes pertenecían a los otros grupos registraron una pérdida promedio de 11.7 %.
La diferencia llamó la atención de los investigadores porque podría indicar que las características biológicas de una persona influyen en la manera en que responde a determinados medicamentos para tratar la obesidad.
No se trata solamente de comer menos
El hallazgo contribuye a cambiar una idea tradicional sobre la obesidad: que la pérdida de peso depende únicamente de cuánto come una persona o de cuánto ejercicio realiza.
La obesidad es una enfermedad compleja en la que intervienen factores metabólicos, hormonales, genéticos, ambientales y conductuales.
En este caso, los investigadores encontraron que la menor producción de hormonas estaba relacionada con una menor actividad hormonal del intestino y no con diferencias en el microbioma intestinal.
Para Andrés Acosta, gastroenterólogo e investigador en obesidad de Mayo Clinic y autor sénior del trabajo, estos resultados respaldan la posibilidad de dejar atrás un tratamiento uniforme para todos los pacientes.
La idea es avanzar hacia tratamientos que tengan en cuenta qué mecanismos están detrás de la obesidad de cada persona.
¿Qué significa esto para quienes buscan perder peso?
Por ahora, el estudio no significa que los médicos puedan determinar de manera rutinaria quién responderá mejor a la tirzepatida.
Los propios investigadores señalan que se necesitan estudios prospectivos antes de que esta clasificación biológica pueda incorporarse a la práctica clínica habitual.
Sin embargo, el hallazgo abre una puerta interesante: en el futuro, el tratamiento de la obesidad podría comenzar con una pregunta más específica que “¿cuánto peso necesita perder esta persona?”.
También podría preguntarse “¿por qué su organismo está favoreciendo el hambre y dificultando la saciedad?”
Responder esa pregunta permitiría acercarse a tratamientos más individualizados y, potencialmente, elegir terapias de acuerdo con la biología de cada paciente.
La investigación apunta así a una idea que está cobrando fuerza en el manejo de la obesidad: no todos los cuerpos enfrentan el mismo problema ni necesariamente responden de la misma manera al mismo tratamiento.
