Hígado graso, la epidemia silenciosa que sigue creciendo
Esta enfermedad, que está íntimamente asociada a la obesidad y a la diabetes tipo 2, puede pasar desapercibida durante años, y afecta ya a una tercera parte de la población adulta del mundo con cifras que siguen creciendo

Esteatosis hepática metabólica es el nuevo nombre de la enfermedad que antes se llamaba hígado graso. Se trata de una patología compleja que está causada por una combinación de factores genéticos, metabólicos y ambientales que hacen que se acumule grasa en el hígado.
“Este depósito de grasa puede dañar las células del hígado e iniciar un proceso de inflamación y posterior reparación en el que las células hepáticas son sustituidas por cicatrices.
Estas cicatrices se denominan fibrosis y, con el tiempo, la acumulación de fibrosis y la alteración de la forma y la estructura normal del hígado dan lugar a cirrosis, una alteración crónica que provoca una función hepática insuficiente”, explican los especialistas del Hospital Clínic de Barcelona.
Los principales factores de riesgo de hígado graso son los que engloba el síndrome metabólico, especialmente la obesidad y la diabetes tipo 2, pero también tener niveles altos de colesterol o triglicéridos o la tensión arterial elevada.

“Estos factores promueven que haya un exceso de síntesis de lípidos y de transferencia de estos desde el tejido adiposo hacia el hígado, lo que satura los procesos de eliminación”, detallan.
La enfermedad también puede darse en personas sin factores de riesgo. En estos casos suele deberse a causas genéticas. Las variantes genéticas descritas “afectan directamente a alguna de las vías de síntesis o eliminación de los lípidos, lo que facilita su acumulación en el hígado”, apuntan los facultativos del Hospital Clínic.
Etnias más afectadas
Así, aunque la esteatosis hepática metabólica “afecta a un gran porcentaje de la población mundial, su distribución no es homogénea y algunos grupos étnicos están más afectados que otros.
Varios estudios epidemiológicos realizados en los Estados Unidos de América, donde la población es muy diversa, mostraron que los sujetos de origen hispano, y muy particularmente los mexicanos, tenían la prevalencia más alta, con un 58%, seguidos de los caucásicos con el 44% y los afroamericanos con el 35%”, exponen los investigadores Raúl Bernal Reyes, Daniel Bernal Serrano y Almudena Laris González en un artículo publicado en la revista Clínicas de Gastroenterología de México.
Uno de los principales retos de la esteatosis hepática metabólica es que puede permanecer oculta durante años, por lo que se suele conocer como la epidemia silenciosa.
Igual que ocurre con otras enfermedades del hígado, apenas produce síntomas durante buena parte de su evolución, por lo que muchas personas desconocen que la padecen hasta que se encuentra en fases avanzadas.
Asimismo, algunos de los parámetros que se utilizan habitualmente para detectar enfermedad hepática, como las transaminasas, pueden mantenerse en rangos normales incluso en presencia de la patología, lo que puede retrasar el diagnóstico.
Factores sociales

Además de los factores biológicos como la obesidad, la diabetes tipo 2 o las causas genéticas, los determinantes sociales desempeñan un papel decisivo tanto en el riesgo de desarrollar la enfermedad como en la gravedad de la misma.
“Existe un aforismo que sostiene que el código postal influye más que el código genético en la esteatosis hepática metabólica. No es del todo así, pero sí tiene parte de verdad”, comenta Javier Crespo, médico especialista en aparato digestivo y hepatología y miembro de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD).
Ocurre que las personas con mayor vulnerabilidad socioeconómica presentan con más frecuencia obesidad, diabetes tipo 2 y esteatosis hepática metabólica.
Entre los factores que contribuyen a esta situación, el doctor Crespo destaca las dificultades para acceder a información sanitaria de calidad, una mayor exposición a alimentos ultraprocesados y de poca calidad nutricional y un entorno que favorece el sedentarismo.
“Hasta hace poco, las recomendaciones sobre alimentación saludable, pérdida de peso y actividad física constituían prácticamente las únicas herramientas disponibles para frenar la progresión de la enfermedad”, explica la Paula Iruzubieta, especialista en aparato digestivo y hepatología del Hospital Marqués de Valdecilla de Santander y miembro de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD).
Sin embargo, la situación ha cambiado con la llegada de los primeros tratamientos farmacológicos específicamente dirigidos a las formas más avanzadas de la enfermedad.
“Estos tratamientos han demostrado por primera vez la capacidad de resolver la inflamación hepática característica de la enfermedad y mejorar la fibrosis”, lo que abre la puerta “a modificar su historia natural y reducir el riesgo de complicaciones graves”, subraya la especialista.
Sin embargo, no todos los pacientes con esteatosis hepática metabólica requieren el mismo tratamiento. En las fases iniciales de la enfermedad, el pronóstico está determinado principalmente por las complicaciones cardiovasculares y metabólicas, por lo que las intervenciones sobre el estilo de vida siguen siendo la medida más eficaz y rentable.
Sin embargo, cuando aparece fibrosis significativa y avanzada, el riesgo de progresión hepática aumenta de forma considerable y es en ese momento cuando los nuevos tratamientos con fármacos pueden aportar un mayor beneficio.
- “Es precisamente en esa ventana donde el tratamiento farmacológico específico cobra todo su sentido y donde se concentra la indicación aprobada”, recalca la doctora Iruzubieta.
A estos avances se suma un desarrollo sin precedentes de nuevos fármacos. Pues, además de las terapias ya aprobadas, actualmente existen múltiples moléculas en fases avanzadas de investigación, así como nuevas estrategias de combinación terapéutica. “El futuro es muy prometedor”, afirma la experta.

EFE