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Hepatitis: por qué no debes esperar a tener síntomas

La mayoría de las personas con hepatitis B o C se sienten perfectamente bien durante años, asegura la gastroenteróloga Rosa Uribe

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Hepatitis: por qué no debes esperar a tener síntomas
Cada 28 de julio se conmemora el Día Mundial contra la Hepatitis. (FUENTE EXTERNA)

Cada 28 de julio se conmemora el Día Mundial contra la Hepatitis, una fecha que busca crear conciencia sobre unas enfermedades que, pese a afectar a millones de personas en el mundo, suelen avanzar sin dar señales de alerta. 

En República Dominicana, la hepatitis viral continúa siendo un importante reto de salud pública, especialmente en sus variantes B y C, que pueden permanecer ocultas durante años mientras causan daños progresivos en el hígado.

De acuerdo con la gastroenteróloga Rosa Uribe, de Médico Express, uno de los mayores peligros de estas infecciones es precisamente su carácter silencioso.

"No hace falta tener síntomas para hacerse la prueba. La mayoría de las personas con hepatitis B o C se sienten perfectamente bien durante años", señala la profesional.

Según explica, estimaciones recientes de la Organización Mundial de la Salud indican que cerca del 1.6 % de la población dominicana podría vivir con hepatitis B crónica, mientras que alrededor del 0.6 % tendría hepatitis C

Muchas de estas personas desconocen que están infectadas, lo que retrasa el diagnóstico y aumenta el riesgo de desarrollar complicaciones como cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer de hígado.

Cinco tipos de hepatitis

Aunque suelen agruparse bajo un mismo nombre, existen cinco tipos principales de hepatitis viral: A, B, C, D y E, y cada una presenta diferencias importantes en su forma de transmisión, prevención y tratamiento.

La hepatitis A y la hepatitis E se adquieren principalmente por el consumo de agua o alimentos contaminados y por una higiene deficiente. Generalmente producen infecciones agudas y la mayoría de las personas se recupera completamente.

En cambio, las hepatitis B y C representan la mayor preocupación para los especialistas debido a que pueden convertirse en enfermedades crónicas. La hepatitis B se transmite mediante sangre, relaciones sexuales sin protección, agujas contaminadas y de madre a hijo durante el parto. 

La hepatitis C también se contagia por contacto con sangre infectada, como el uso compartido de agujas o procedimientos realizados sin la esterilización adecuada.

"La B y la C son las que más nos preocupan a largo plazo, precisamente por su capacidad de avanzar en silencio hacia cirrosis o cáncer de hígado", explica Uribe.

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Infografía
"La hepatitis B y C pueden pasar desapercibidas durante años. Detectarlas a tiempo puede cambiar la evolución de la enfermedad y salvar vidas"Rosa UribeGastroenteróloga

El gran error: esperar a tener síntomas

Muchas personas creen que solo deben acudir al médico cuando presentan ictericia (la coloración amarillenta de la piel y los ojos), pero ese puede ser un signo tardío.

Cuando aparecen síntomas, estos pueden incluir cansancio persistente, pérdida del apetito, náuseas, dolor en la parte superior derecha del abdomen, picazón, orina oscura o heces claras. Sin embargo, para entonces el daño hepático puede llevar años desarrollándose.

La especialista advierte que los casos más graves pueden presentar confusión, sangrados espontáneos, vómitos persistentes o aumento rápido del volumen abdominal, situaciones que requieren atención médica inmediata.

Una prueba que todos deberían hacerse

Para la doctora Uribe, la recomendación es clara: todo adulto debería realizarse al menos una vez en la vida pruebas para detectar hepatitis B y hepatitis C, especialmente si nunca antes se las ha realizado.

En el caso de la hepatitis B, explica que la evaluación ideal incluye tres marcadores que permiten conocer si existe una infección activa, si la persona ya desarrolló inmunidad o si necesita vacunarse.

También deben someterse a pruebas de forma periódica quienes pertenecen a grupos con mayor riesgo, como mujeres embarazadas, pacientes en hemodiálisis, personas que viven con VIH, trabajadores de la salud expuestos a sangre, familiares de personas con hepatitis B o quienes hayan recibido transfusiones o procedimientos en condiciones inseguras.

Diagnósticos más rápidos y tratamientos avanzados

Uno de los mayores avances de los últimos años ha sido la incorporación de la elastografía hepática, un estudio no invasivo que permite evaluar el estado del hígado sin recurrir a una biopsia.

Uribe destaca que el FibroScan se ha convertido en una herramienta fundamental para detectar fibrosis y valorar el daño hepático en pocos minutos.

En cuanto a los tratamientos, la revolución más importante ha ocurrido en la hepatitis C.

"Los antivirales orales actuales se toman por 8 a 12 semanas y curan a más del 95 % de los pacientes, con muy pocos efectos secundarios, algo impensable hace una década".

En la hepatitis B también existen medicamentos eficaces, como tenofovir y entecavir, que permiten controlar la multiplicación del virus y disminuir significativamente el riesgo de cirrosis y cáncer hepático.

La prevención, la mejor herramienta

La especialista recuerda que muchas medidas preventivas forman parte de los hábitos cotidianos: no compartir cepillos de dientes, máquinas de afeitar, cortaúñas ni agujas; mantener las heridas cubiertas y utilizar guantes al limpiar sangre.

Además, insiste en combatir algunos mitos que todavía alimentan el estigma alrededor de estas enfermedades.

"Una persona con hepatitis B o C puede abrazar, compartir alimentos y convivir con normalidad. Estas hepatitis no se transmiten dando la mano, compartiendo el baño, ni compartiendo platos o vasos".

También recomienda acudir únicamente a centros que garanticen una adecuada esterilización para procedimientos médicos, odontológicos, tatuajes o perforaciones, así como mantener el lavado de manos, el acceso a agua segura y la correcta manipulación de alimentos para prevenir las hepatitis A y E.

Vacunarse salva vidas

Actualmente existen vacunas eficaces contra las hepatitis A y B. En particular, la vacuna contra la hepatitis B no solo evita la infección, sino que también reduce el riesgo de desarrollar cirrosis, cáncer de hígado y previene indirectamente la hepatitis D.

La primera dosis debe administrarse a los recién nacidos durante las primeras 24 horas de vida y completar posteriormente el esquema de vacunación. Los adultos que desconocen su estado de inmunización deberían consultar con su médico para determinar si necesitan vacunarse.

“Un diagnóstico de hepatitis no es motivo de vergüenza, es el inicio de un tratamiento oportuno", concluye Uribe.

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