Los riesgos y errores con los suplementos de moda
La suplementación nutricional se ha convertido en una herramienta a la que muchas personas recurren para mejorar su salud, rendimiento o bienestar, bajo la creencia de que “si es natural, no hace daño”

Los suplementos con las vitaminas liposolubles A, D, E y K, los minerales magnesio y hierro, y sustancias como la creatina, el colágeno, los omega-3, la melatonina o los probióticos, están en auge, pero consumirlos sin asesorarse entraña riesgos, según la doctora Bertina Ferrández, especialista en nutrición y dietética.
“Casi todos los nutrientes tienen un límite superior de consumo seguro (UL) definido por los organismos sanitarios y superarlo al consumir un suplemento nutricional aumenta el riesgo de sufrir efectos adversos”, advierte la doctora Ferrández, en una entrevista con EFE.
“Tomar suplementos sin saber si realmente existe un déficit nutricional, sin una prueba analítica o valoración médica que lo justifique, puede ocultar la existencia de enfermedades de base, conducir a excesos y sobrepasar los límites de consumo seguro”, advierte Ferrández.
Los suplementos nutricionales están de moda, y pueden ofrecer beneficios reales para la salud física y mental, pero consumirlos en exceso, tomarlos cuando son innecesarios o no están indicados o incorporarlos a la rutina diaria sin el consejo o la supervisión médica o un asesoramiento profesional, entraña posibles riesgos, según advierten los especialistas.
“Estamos en un momento en el que la suplementación nutricional se ha convertido en el recurso de muchas personas en su búsqueda de mejorar su salud, rendimiento o bienestar, sobre todo al amparo de la creencia muy generalizada de que `si algo es natural, no hace daño´”, explica la doctora Bertina Ferrández, especialista en nutrición y dietética,
Sin embargo, “existe cierta desinformación y desconocimiento sobre los posibles riesgos que pueden derivar del consumo de estos suplementos ‘de moda’”, de acuerdo con Ferrández, miembro de la plataforma Top Doctors (www.topdoctors.es), que ofrece a los pacientes asesoramiento para encontrar y contactar con los mejores especialistas médicos de la sanidad privada.
“Casi todos los nutrientes tienen un límite superior de consumo seguro o Nivel de Ingesta Superior Tolerable (UL, por sus siglas en inglés) definido por organismos sanitarios como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), y superar ese límite al consumir un suplemento nutricional aumenta el riesgo de experimentar efectos adversos”, advierte la doctora Ferrández.
Otro problema frecuente, según Ferrández, consiste en tomar suplementos “sin saber si realmente existe un déficit nutricional en nuestro organismo, o sin una prueba analítica o una valoración médica que lo justifique”.
Esta práctica, que ocurre mucho con los suplementos nutricionales que incluye hierro, vitamina D o B12, no solo puede ocultar enfermedades de base de quienes los consumen, sino también conducir a un consumo excesivo, según apunta.
La doctora Ferrández sostiene que “también es habitual que una persona acumule en su organismo una misma vitamina o mineral consumiendo distintos productos, como multivitamínicos, suplementos para las defensas orgánicas, cápsulas para el pelo o la piel”.
“Así es muy fácil sobrepasar los límites de UL, sobre todo con vitamina A, vitamina D o minerales como el zinc”, advierte.
Otro error común, en opinión de esta experta, “es tomar suplementos en lugar de mejorar la dieta o seguir un tratamiento indicado por un médico”.
Combinaciones e interacciones contraproducentes

Por último, la doctora Ferrández señala que “mucha gente no se informa sobre las interacciones de los suplementos que toma con medicamentos, enfermedades previas, embarazo, lactancia o problemas renales y hepáticos. Todos estos factores cambian por completo el perfil de seguridad de su consumo”.
Algunas combinaciones que conviene evitar son: “omega-3 con anticoagulantes, antiagregantes, antiinflamatorios crónicos o altas dosis de vitamina E (por riesgo añadido de sangrado); melatonina con medicamentos sedantes, antihistamínicos o alcohol (se potencia el efecto sedante); y probióticos en personas que reciben tratamientos inmunosupresores o quimioterapia”, puntualiza.
Respecto de los efectos adversos del consumo excesivo o inadecuado de suplementos, esta facultativa señala que “lo más habitual es que aparezcan síntomas a nivel digestivo”.
También puede aparecer una reacción alérgica (ronchas, picor intenso, inflamación de labios o párpados, dificultad respiratoria), “lo cual requiere suspender la toma del producto y buscar atención médica”, según explica.
“Algunos suplementos pueden generar síntomas más generales o neuromusculares. Y a veces no hay síntomas, pero sí cambios reflejados en las pruebas analíticas como alteraciones de la función hepática, elevación excesiva de la creatinina o ferritina”, según puntualiza.
“Por eso, no se recomienda mantener la toma de suplementos potentes durante meses sin control, especialmente si la persona toma medicación de manera crónica o tiene enfermedades previas”, enfatiza esta doctora, que describe a continuación algunos riesgos de consumir en exceso los suplementos “de moda”.
Vitaminas liposolubles A, D, E y K
“Estas vitaminas se acumulan en el organismo y son las más relacionadas con problemas de toxicidad.
Las dosis altas y mantenidas de vitamina D pueden causar hipercalcemia y daño renal, así como cansancio, debilidad, náuseas o aumento de la sed y la micción, mientras que el exceso de vitamina A se asocia a alteraciones óseas, hepatotoxicidad y síntomas neurológicos” apunta.
“Las vitaminas hidrosolubles suelen eliminarse mejor, pero no siempre están libres de riesgo. Por ejemplo, la B6, en dosis altas y mantenidas se ha relacionado con neuropatía sensitiva”, añade.
Magnesio
“Los suplementos de este mineral tomados en dosis altas pueden provocar diarrea, cólicos, náuseas y dolor abdominal, y en personas con insuficiencia renal puede fomentar la aparición de hipermagnesemia con hipotensión, arritmias y debilidad muscular”, según Ferrández.
Creatina
“Los efectos adversos provocados por esta sustancia son sobre todo digestivos (hinchazón, diarrea) y retención de líquidos, y suelen aparecer con dosis muy altas (20 gramos al día). Además, a las personas con enfermedad renal previa, se les recomienda ser muy prudentes con el consumo de creatina o evitarlo”, explica.
Hierro
“Tomado oralmente y a dosis habituales, el consumo de este mineral puede provocar con frecuencia náuseas, dolor abdominal, estreñimiento o diarrea. El consumo excesivo y crónico (o la sobrecarga de este mineral en las personas con hemocromatosis) favorece daño hepático, pancreático y cardiaco”, de acuerdo con Ferrández.
Colágeno
“El colágeno suele tolerarse bien, pero muchas formulaciones incluyen vitaminas y minerales. Si la persona ya usa otros suplementos, es fácil acumular cantidades elevadas de vitamina A, D o yodo sin darse cuenta”, explica la doctora Ferrández.
Añade que esta sustancia “puede causar molestias digestivas o reacciones alérgicas según su origen (pescado, huevo, bovino), y que los riesgos más relevantes suelen venir de los ingredientes añadidos presentes en algunas fórmulas”.
Ácidos grasos omega-3
Estos ácidos grasos pueden provocar reflujo o diarrea, y si se toman en dosis altas y a la vez que se toman medicamentos que afectan a la coagulación (anticoagulantes, antiagregantes, antiinflamatorios), pueden aumentar la aparición de hematomas, y el riesgo de sangrado, asegura esta especialista.
Melatonina
“El error más frecuente con la melatonina es utilizar dosis más altas de lo necesario. Para facilitar el inicio del sueño, las dosis bajas (0,3–1 mg) son las que cuentan con mayor respaldo científico y menor riesgo de efectos adversos. Aumentar la dosis no mejora el resultado”, señala Ferrández.
Añade que “cuando esta hormona se toma en dosis altas o durante periodos prolongados, puede producir somnolencia diurna, cefalea, desorientación e interacciones con fármacos para la tensión arterial, la glucosa o la coagulación”.
Productos probióticos
“En el caso de estos productos con microorganismos vivos (como bacterias y levaduras), suele pasarse por alto que no todas las cepas están respaldadas por el mismo nivel de evidencia científica ni sirven para las mismas situaciones”, destaca.
“Los probióticos son seguros en la población general, pero en personas inmunodeprimidas, con catéteres o enfermedad intestinal grave se recomienda un uso prudente y supervisado”, concluye la doctora Bertina Ferrández.
por Daniel Galilea

EFE