Excepción a la regla
De avenidas para carros a espacios para la convivencia ciudadana
Una ciudad mejora cuando sus habitantes encuentran lugares para quedarse, no solo avenidas para que circulen los carros. El nuevo Malecón Deportivo apunta en esa dirección: convierte una franja urbana en espacio de encuentro y recuerda que la calidad de vida también se construye con parques, canchas, sombra, juego y convivencia.
Lamentablemente, esas obras llegan en momentos muy puntuales. Aún así, lo importante es que se construyan y que se disfruten.
El Malecón Deportivo ofrece una señal positiva. No resuelve por sí solo el déficit de áreas verdes, parques, canchas y espacios de recreación del Gran Santo Domingo, pero muestra algo importante: cuando se abre un espacio público útil, seguro y bien ubicado, la gente lo ocupa. La seguridad es un ejercicio ciudadano en este caso.
Familias, deportistas, jóvenes, ciclistas y visitantes comenzaron a usarlo apenas días después de su inauguración.
La obra tiene una dimensión de unos 90,000 metros cuadrados, una inversión de RD$333 millones y áreas para skate, voleibol de playa, baloncesto 3x3, fútbol siete, pádel, juegos infantiles, gimnasio al aire libre, zona gastronómica y estacionamientos. Evidentemente que el Estado, Gobierno central y la Alcaldía, devuelven al uso público a una franja de ciudad olvidada.
Ese es el punto. Santo Domingo no necesita únicamente más cemento ni más torres. Necesita más lugares donde la vida cotidiana pueda ocurrir sin tener que pagar entrada, consumir en un centro comercial o desplazarse grandes distancias. Un parque, una cancha, una acera caminable o una sombra bien puesta pueden parecer asuntos menores, hasta que se miden por salud, seguridad, cohesión social y calidad de vida.
El Distrito Nacional tiene espacios emblemáticos, como el Mirador Sur, el Jardín Botánico o el propio Malecón, pero la ciudad no puede depender solo de grandes pulmones. La provincia Santo Domingo, por su parte, tiene territorio, población y necesidades distintas. Ahí el reto es más complejo: conectar barrios con parques de proximidad, recuperar áreas verdes invadidas, proteger riberas y convertir solares públicos en infraestructura comunitaria.
La oportunidad está en no tratar el Malecón Deportivo como la excepción a la regla. Debe ser el inicio de una política medible: cuántos metros cuadrados recreativos tiene cada municipio, cuántos faltan, dónde están los déficits y qué obras pueden cerrar esa brecha.

Omar Santana