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El desorden no tiene nacionalidad

Las fallas de seguridad que el patriotismo no puede ocultar

El nacionalismo no debería ocultar los errores de organización del partido en que la selección haitiana de fútbol apabulló a la dominicana. La derrota deportiva y la declaración abusiva de un jugador haitiano son una cosa; lo ocurrido en la entrada del estadio, otra. Mezclarlas es un error.

Los organizadores no previeron la acumulación masiva de fanáticos en la puerta de ingreso. Un espectáculo de esa naturaleza exige controles eficaces, accesos suficientes y personal preparado para manejar aglomeraciones.

La multitud, mayoritariamente haitiana, se desesperó. Algunos desencajaron una puerta y entraron por ella. Que conste: tenían entradas. Ese dato no justifica la violencia, pero impide presentar a todos como intrusos que pretendían colarse sin pagar.

Corresponde identificar y sancionar a quienes causaron daños, además de establecer las responsabilidades de quienes organizaron el encuentro.

La nacionalidad de los involucrados no exonera a unos ni convierte a otros en culpables colectivos.

También resulta injustificable el exabrupto oficial de prohibir a la selección haitiana jugar en los estadios nacionales. Una decisión así castiga al equipo por un desorden que exige investigación, explicaciones y medidas concretas.

Defender al país empieza por reconocer sus fallas. Agitar banderas después de una mala organización podrá arrancar aplausos, pero no corrige los accesos ni garantiza seguridad para el próximo partido.

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