Bruto, pero dichoso
La suerte de sobrevivir al arresto tras asaltar a Kenny Grullón
Para asaltar a Kenny Grullón en su casa, amenazarlo, amordazarlo y marcharse con sus pertenencias, hace falta crueldad. Para hacerlo sin reparar en las cámaras que hoy vigilan hasta los bostezos, hace falta también una considerable escasez de luces.
El apresado, a quien la Policía atribuye el hecho, parece reunir ambas condiciones. Pero conviene reconocerle una tercera: suerte. Muchísima suerte.
Según el parte policial, arrastra más de diez registros por amenazas, robos y violencia intrafamiliar, entre otras linduras. Un currículo que, en estos tiempos de justicia acelerada, suele servir de prólogo a un “intercambio de disparos”. De esos en los que dispara todo el mundo, pero muere siempre el mismo.
A este, por fortuna, lo capturaron. Ni “en 29” ni camino del cementerio. Detenido, identificado y disponible para que un fiscal acuse y un juez decida. Casi una extravagancia institucional.
La Policía recuperó el teléfono y el anillo de matrimonio del humorista. Buena noticia. Mejor todavía que pueda presentar al sospechoso y las pruebas, sin sustituir el expediente por una esquela.
Kenny merece justicia. El detenido, si se demuestra su responsabilidad, merece la pena correspondiente. Y el país merece que ese procedimiento deje de parecer una concesión.
Bruto, quizás. Dichoso, sin duda. Esta vez el prontuario no se convirtió en una sentencia de muerte.
