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Regulación ágil: normar sin frenar la innovación

Innovar sin perder la prudencia es el verdadero reto del sistema financiero moderno

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Regulación ágil: normar sin frenar la innovación
República Dominicana avanza con paso firme hacia la innovación financiera supervisada. (SHUTTERSTOCK)

Durante décadas, la secuencia era clara: surgía la innovación en el mercado y, luego, la regulación. Ese esquema ha funcionado en un mundo de cambios graduales. Hoy el desafío se torna más complejo, pues cuando una norma entra en vigor, la tecnología que buscaba regular ya ha evolucionado. La pregunta no es si regular la innovación, sino cómo hacerlo sin frenar sus beneficios ni comprometer la estabilidad, integridad y confianza del sistema financiero

En este espacio hemos profundizado en dos ideas clave: la inclusión no es suficiente; necesitamos ciudadanía financiera, y la digitalización es el principal puente para lograrlo. Hay una tercera: un marco regulatorio capaz de evolucionar al ritmo del cambio. A eso le llamamos regulación ágil

No sugiere regular menos ni renunciar a la prudencia. Tampoco regular en exceso. Implica fortalecer la capacidad institucional para responder oportunamente. Es un cambio de enfoque: pasar de reglas rígidas para mantener entornos estables a marcos flexibles frente a la incertidumbre tecnológica. En este modelo, la regulación deja de ser solo normativa: se convierte en una herramienta dinámica de aprendizaje. 

Para su aplicación, son indispensables cuatro capacidades: la primera es escuchar. La innovación nace en el mercado. Por ello, los espacios de diálogo entre reguladores, entidades financieras, emprendedores fintech y usuarios son vitales para anticipar tendencias y riesgos. 

La segunda es experimentar. No toda innovación demanda respuestas definitivas. Habilitar pilotos controlados permite recopilar evidencia y ajustar gradualmente. 

En tercer lugar, y muy de la mano con el punto anterior, regular con proporcionalidad, diferenciar riesgos y ajustar supervisión según impacto permite un espacio seguro para innovar. 

Por último, el aprendizaje continuo, con tecnologías como IA, esquemas de finanzas abiertas o identidad digital, adaptarse rápido es la mayor ventaja institucional. 

Regulación ágil tampoco significa abandonar los estándares internacionales; al contrario, facilita su adopción ordenada y sostenible. Así lo demuestra la evolución normativa hacia los principios de Basilea III, orientados a fortalecer la resiliencia de las entidades financieras mediante mayores niveles y calidad de capital, una gestión más robusta de los riesgos, mejores estándares de liquidez y una mayor capacidad para enfrentar escenarios de estrés. Alcanzar estos objetivos requiere una transición gradual, sustentada en análisis técnicos, evaluaciones de impacto y diálogo permanente con la industria; precisamente las capacidades que caracterizan a una regulación ágil.  

¿Dónde estamos hoy?  

República Dominicana avanza firmemente en la aplicación de este enfoque: onboarding digital, cuentas básicas, HUB de Innovación Financiera, modelos novedosos y pilotos regulatorios, innovación supervisora y transición a supervisión basada en riesgos son claros ejemplos. Todo esto acompañado por el refuerzo gradual de marcos de riesgo y adopción progresiva de Basilea III, lo que consolida una mayor resiliencia y confianza en el sistema financiero

La regulación ágil también tiene un propósito humano: que las personas se beneficien de la innovación de manera segura. Cada vez que alguien abre una cuenta desde el móvil, una microempresa accede a financiamiento o un usuario reclama por canales digitales, estamos viendo su impacto. Innovar sin perder estabilidad, adaptarse sin sacrificar prudencia, ese es el verdadero reto regulatorio. 

Si la ciudadanía financiera es el destino y la digitalización el puente, la regulación ágil es la estructura que garantiza que ese puente sea seguro y sostenible. Porque en un mundo que cambia con velocidad, la mayor fortaleza de un regulador no es predecir el futuro, sino adaptarse a él. 

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