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El gran futuro de la Ignorancia Artificial

Una sátira sobre la banalidad del conocimiento

Tanto nos hemos beneficiado de la inteligencia artificial, tantos parecemos enciclopedistas y remedos de pavos reales, que el verdadero mercado del futuro sigue desatendido: la ignorancia artificial.

En modo alguno hablo de la ignorancia humilde que reconoce sus límites porque esa ya casi no existe. Celebro la militante, la autosuficiente, la que jamás se deja contaminar por el talento ni por un dato verificable.

Imaginen un sistema capaz de convertir cualquier disparate en opinión, y cualquier opinión en verdad inapelable. Bastaría cargar un archivo con siglos de investigación para obtener una conclusión exactamente inversa. Sería la primera app que mejora cuanto menos información posea.

Su éxito sería inmediato y, sobre todo, ahorraría lo que más escasea: tiempo. ¿Para qué leer un libro si basta con una frase sacada de contexto? ¿Para qué estudiar historia si siempre puede reescribirse según las necesidades del momento? ¿Para qué conservar archivos si resulta más cómodo fabricar cuentos? ¿Para qué estudiar si basta liberar al papanatas y vociferar pamplinas por un micrófono?

La ignorancia artificial tendría una función especialmente útil para la vida pública: el borrado total del sentido común. Suficiente pulsar un botón para declarar irrelevantes la experiencia, la evidencia y hasta la lógica. Todo quedaría sustituido por la convicción inquebrantable de quien jamás ha dudado de sí mismo.

Los sabelotodos la adoptarían con entusiasmo, especialmente los enredadores sociales. Algunos espacios audiovisuales, los zoquetes, paletos, bocazas y pseudo influencers demostrarían su razón de ser. Ciertos programas alcanzarían, por fin, la excelencia: todos hablarían al mismo tiempo sin el riesgo de escuchar al otro.

Después de semejante revolución, ya nada impediría dar el siguiente paso. Empero, ¿cómo ignorar la ignorancia artificial y decirlo todo en tan corto espacio, en una sola entrega y sin dicterios? b

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Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.