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La diplomacia tiene sus formas

Lecciones de diplomacia para un mundo de redes sociales

La diplomacia eficaz rara vez levanta la voz. Opera en susurros, en gestos medidos, en silencios que dicen más que mensajes públicos. Lo demostró Henry Kissinger cuando, en plena Guerra Fría, abrió la puerta de China sin estridencias ni grandilocuencias. Aquella jugada redibujó el tablero global y confirmó que el poder, cuando es inteligente, prefiere la discreción al espectáculo. Que conste: el admirador de Metternich era republicano hasta los tuétanos.

La República Dominicana no es ajena a esa lógica. Su alianza con Estados Unidos no es fruto de la improvisación ni de la subordinación, sino de una elección política sostenida y, sobre todo, legitimada socialmente. Los dominicanos respiramos con el Norte, no importa que sea revuelto y brutal. Hay en ese vínculo una mezcla de pragmatismo, historia y conveniencia mutua que no necesita tutelaje ni recordatorios.

Por eso, cuando desde fuera se deslizan admoniciones, aunque sean bien intencionadas, el gesto se vuelve contraproducente, torpe. No por su contenido, quizá irreprochable, sino por su forma. Toda nación, incluso la más pequeña, preserva un núcleo de dignidad que no admite pedagogías ajenas. La soberanía, más que un concepto retórico, es una sensibilidad viva, un reflejo casi instintivo.

No hace falta poseer la sofisticación académica de Condoleezza Rice ni la agudeza hemisférica de Marco Rubio para comprenderlo. Bastaría con recordar una verdad elemental: los aliados no se corrigen en público ni se instruyen como alumnos. Se escuchan, se respetan y, cuando es necesario, se persuaden en privado, por los canales diplomáticos.

La diplomacia, como la elegancia, consiste en saber cuándo decir y, sobre todo, cuándo callar. Hay verdades que, pronunciadas en voz alta, dejan de ser útiles y comienzan a ser impertinentes. Que sepa este paleto, ninguna relación sólida se construye sobre la impertinencia.

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Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.