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¿Cuándo aprenderemos a no ser sucios?

Cuando el descuido ciudadano colapsa los servicios públicos

¿Cuándo aprenderemos a colocar la basura en su sitio? ¿Cuándo asumiremos lo más elemental: que los desperdicios no se arrojan a la calle ni a los solares baldíos como si fueran territorio sin dueño? Sabemos que el problema existe —lo sabemos bien—, como lo evidenció el revuelo en redes ante el video de una extranjera, sorprendida por la acumulación de desechos en los márgenes de nuestras carreteras. “La República Dominicana no es la India”, advertía. No hacía falta la comparación para que la incomodidad se instalara.

Paradoja reveladora. El dominicano suele ser pulcro en el ámbito privado, meticuloso en el cuidado personal, incluso celoso del orden doméstico. Sin embargo, esa misma disciplina parece diluirse al cruzar el umbral de la casa. No otra cosa explica que la basura haya llegado a taponar la barrera de salinidad y a comprometer el funcionamiento del acueducto de Santo Domingo Este. Lo ocurrido no es un accidente ni una fatalidad imprevisible. Es la consecuencia —lenta, acumulativa, casi paciente— de una conducta de indiferencia frente al espacio compartido. 

Ninguna infraestructura colapsa de la noche a la mañana. Hemos normalizado el descuido. Tirar basura donde no corresponde, confiar en que otro vendrá a recogerla, desentenderse de las consecuencias: pequeñas renuncias cotidianas que, sumadas, terminan por pasar factura. 

Es, sobre todo, un déficit de cultura cívica. Mientras no entendamos que el espacio público es, en rigor, una extensión de nuestra propia casa, seguiremos atrapados en este círculo de deterioro que se alimenta de la desidia.

Conviene incomodar al indolente. Señalar, aunque sea con una mirada o una frase sobria, a quien lanza el vaso o abandona la botella. No por afán de reprensión, sino por una pedagogía mínima de convivencia: la que recuerda que vivir en sociedad implica límites.

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Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.