¿Por qué estaban juntos? El inquietante detalle detrás del asesinato de Federico Aramburu
La madre de Aramburu asegura que hubo comentarios xenófobos antes del asesinato de su hijo

La mañana del 19 de marzo de 2022 pudo terminar con dos exjugadores de rugby regresando golpeados a su hotel después de una pelea absurda en un bar de París. Federico Martín Aramburu y Shaun Hegarty incluso entraron a un establecimiento cercano para pedir hielo para las heridas. Al recepcionista, Aramburu le restó importancia a lo ocurrido.
Cuatro disparos sonaron primero. Cuarenta y cinco segundos después hubo otros seis. Las diez detonaciones constituyen ahora una de las piezas centrales del juicio que intenta determinar qué ocurrió realmente aquella madrugada en el boulevard Saint-Germain y, sobre todo, si la muerte de Aramburu fue el desenlace imprevisible de una pelea o algo mucho más deliberado.
Un investigador que declaró la semana pasada ante el Tribunal de lo Penal de París utilizó una palabra contundente para describir la secuencia: “ejecución”. Romain Bouvier habría disparado cuatro veces y Loïk Le Priol vació después un arma de seis tiros. Seis proyectiles alcanzaron a Aramburu y dos de las heridas resultaron mortales.
Los acusados cuestionan, sin embargo, la interpretación de los investigadores. Le Priol admite haber provocado la muerte, pero sostiene que actuó en legítima defensa; Bouvier niega haber querido matar.
Cuatro años y medio después, la historia que comenzó frente a una brasserie parisina ya no trata únicamente sobre la muerte de un exjugador de Los Pumas.
Es también la historia de dos hombres vinculados a la extrema derecha francesa que ya cargaban con antecedentes de violencia, tenían una orden judicial que les prohibía relacionarse entre ellos y, aun así, aquella madrugada estaban juntos, bebían juntos y ambos llevaban armas.
Ese dato ha convertido el juicio en algo más inquietante: la discusión sobre si una muerte aparentemente surgida de una pelea casual estuvo precedida por suficientes señales de advertencia como para que nunca debiera haber ocurrido.
Este lunes, la madre de Aramburu lo resumió desde el estrado.
“Para nosotros es muy difícil decir en voz alta que este crimen nunca debería haber sucedido”, declaró Cecilia Aramburu.
A pocos metros, detrás de la cristalera del espacio reservado a los acusados, estaban Le Priol y Bouvier.
La madre habló también de lo que, según le relató Shaun Hegarty, precedió a la violencia. Aseguró que su hijo había escuchado comentarios provocadores y de contenido xenófobo, incluida una referencia a sus nacionalidades: Aramburu era argentino y Hegarty neozelandés.
La frase que Cecilia atribuyó a los acusados —“tú argentino, tú neozelandés, y nosotros somos de aquí, estamos en casa”— adquiere un peso particular por el pasado político de los dos hombres.
Le Priol y Bouvier estuvieron vinculados al Groupe Union Défense (GUD), una organización de extrema derecha con una larga historia de violencia política en Francia.
Cronología del caso
La naturaleza exacta de los comentarios y su papel en el desencadenamiento de la pelea forman parte de lo que se discute en el juicio.
Pero el contexto ya no puede separarse fácilmente de quienes portaban las armas.
La madrugada había comenzado casi banalmente. Aramburu y Hegarty, amigos, exjugadores y socios comerciales, llegaron al café Mabillon después de una noche de copas. En otra mesa estaban Le Priol, Bouvier y la entonces pareja del primero.
Las cámaras de seguridad reconstruyeron buena parte de lo sucedido.
Hubo provocaciones, gestos, palmadas en la cara, una discusión y finalmente una pelea. Aramburu agarró a Le Priol por la ropa y lo derribó. Intervinieron empleados del establecimiento y los grupos terminaron separados.
Hasta ahí podía haber quedado todo.
Aramburu y Hegarty se marcharon.
Pero sus adversarios volvieron a aparecer.
Según la reconstrucción presentada durante el proceso, una Jeep conducida por la entonces pareja de Le Priol se aproximó al lugar donde estaban los dos exrugbistas. Bouvier bajó y efectuó cuatro disparos en aproximadamente cuatro segundos.
Le Priol apareció después corriendo.
Hubo otro forcejeo.
Sonaron otros seis tiros en nueve segundos.
El cargador quedó vacío.
Federico Martín Aramburu tenía 42 años.
Había vestido 22 veces la camiseta de Argentina, fue integrante de la selección que consiguió el histórico tercer lugar en el Mundial de Francia 2007 y marcó uno de los tries de aquella victoria 34-10 contra los propios franceses en el partido por el bronce. Con Biarritz había ganado dos campeonatos franceses, en 2005 y 2006.
Para 2022 ya había dejado atrás el rugby profesional. Vivía con su familia y se había convertido en empresario. Junto con Hegarty manejaba una compañía de turismo deportivo y preparaba negocios vinculados al Mundial de Rugby que Francia organizaría al año siguiente.
Thomas Lièvremont, antiguo compañero suyo en Biarritz, contó este lunes al tribunal que Aramburu estaba precisamente en París intentando cerrar un contrato que mejoraría la situación económica de su familia.
Gonzalo Quesada, actual seleccionador de Italia y uno de sus amigos, llevó la descripción un poco más lejos.
Lo recordó como responsable, valiente, sociable y trabajador. Si tenía que encontrarle un defecto, dijo, era precisamente uno que ahora parece trágico: “confiaba demasiado en las personas”.
Contexto político y antecedentes
Quesada aseguró que nunca había visto a Aramburu protagonizar una situación violenta.
El testimonio se suma al de su madre, sus antiguos compañeros y una evaluación psicológica citada durante el proceso. La familia intenta desmontar así una de las cuestiones que inevitablemente atraviesa el juicio: por qué Aramburu tomó la decisión de derribar a Le Priol durante la primera pelea.
Su madre ofrece una explicación: no toleraba la humillación hacia otros y reaccionó después de escuchar provocaciones y observar, según su versión, un trato despectivo hacia una persona sin hogar.
Pero hay un capítulo anterior que resulta aún más difícil de explicar.
Le Priol y Bouvier no debían estar juntos aquella noche.
Años antes habían participado en un episodio violento contra un antiguo dirigente del propio GUD. En 2015, después de una noche de alcohol, un grupo golpeó y humilló al hombre en lo que la investigación describió como una expedición punitiva. La víctima terminó desnuda y ensangrentada.
Por aquel caso, ambos quedaron sometidos a control judicial.
Una de las condiciones era inequívoca: tenían prohibido encontrarse.
La prohibición todavía estaba vigente el 19 de marzo de 2022.
Sin embargo, estaban juntos. Y armados.
Es ese antecedente el que explica la frase de Cecilia Aramburu sobre la “impunidad”. Su familia, dijo, descubrió después de la muerte que aquellos hombres ya tenían historias de violencia y restricciones judiciales.
Reacciones y consecuencias
Le Priol, además, había sido militar. Había pertenecido a comandos de la Marina francesa, fue repatriado de Djibouti en 2015 por estrés postraumático y recibió atención psiquiátrica. Durante el juicio ha alegado que sus experiencias militares influyeron en su reacción aquella madrugada, aunque también ha dicho que no pretende presentarse como víctima.
Tras la muerte de Aramburu vino otra escena propia de una investigación criminal internacional.
Los sospechosos huyeron.
Le Priol logró salir de Francia. Cuatro días después fue detenido en Hungría cuando intentaba acercarse a la frontera con Ucrania. La Policía francesa había activado su búsqueda mientras el nombre de Aramburu pasaba de las páginas deportivas a las policiales.
La muerte provocó algo poco frecuente: unió durante años al rugby argentino y francés alrededor de una demanda de justicia.
Biarritz lo homenajeó. Sus antiguos compañeros cargaron su féretro. En septiembre de este año, mientras comenzaba el juicio en París, Los Pumas calentaron antes de enfrentar a Australia utilizando camisetas negras con el mensaje “Justicia por Fede”. En Biarritz, los aficionados volvieron a levantarse para aplaudirlo durante un partido.
El proceso que comenzó el 7 de septiembre está previsto que concluya el día 25.
Le Priol enfrenta la acusación de asesinato y Bouvier la de tentativa de asesinato. Ambos pueden recibir cadena perpetua. El tribunal deberá decidir, entre otras cosas, cuánto hubo de premeditación, qué valor tienen las alegaciones de legítima defensa y cuál fue la intención de cada uno cuando sacó el arma.
Pero la pregunta que ha ido creciendo alrededor del caso es anterior a los disparos.
¿Cómo dos hombres con antecedentes violentos, relacionados con un ambiente político caracterizado por la exaltación de la confrontación y sometidos a una prohibición judicial de encontrarse terminaron juntos, armados y de madrugada en un café de París?
Ese interrogante no determina por sí mismo la culpabilidad penal que deben decidir los jueces.
Sí explica por qué, cuatro años después, la familia de Federico Martín Aramburu no ve lo ocurrido como una simple pelea que terminó mal.
Para ellos hubo señales antes.
Diez disparos después, ya era demasiado tarde.


EFE