El escenario ideal para Soto asumir el mando
El dominicano puede ser el salvador de unos Mets que apuntan a una pesadilla en 2026

En 2025, Juan Soto entregó una temporada de MVP con los Mets en su estreno como el atleta con el contrato más grande de la historia. Él cumplió. El equipo se cayó desde el 19 de junio cuando iba primero en el Este (45-30), en lo adelante jugó para 38-49 y vio los playoffs desde casa por la televisión.
Ahora, Soto ha vuelto al juego tras su interrupción más prolongada lesionado (18 días) y tiene el escenario preparado para asumir la capitanía de facto del equipo, un tema que ha trascendido a la inicial especulación en torno a celos entre el dominicano y el puertorriqueño Francisco Lindor.
De Juanjo no responder a la altura, los reflectores de una temporada que costaría enderezar apuntarán hacia él, porque, si bien en ese equipo casi nadie está bateando, a mayor pago individual mayor responsabilidad del resultado colectivo.
Tim Britton, quien cubre a los Mets para The Athletic, lo ha reportado desde finales de 2025 y ofreció más detalles en una entrevista con el podcast Foul Territory sobre lo complejo que ha sido definir si ese es el “equipo de Soto o el de Lindor”.
El club hasta cambió los lockers en el clubhouse y el dueño, Steve Cohen, dijo en público que no habrá capitán. No es especulación, ha costado encontrar la sincronización entre dos estrellas por más que hablen español y sonrían en público.
Soto apenas sacó un voto en una encuesta de The New York Times en 2025 entre 135 peloteros sobre quién era el jugador que querían ver jugar más, ninguneado por sus colegas con la misma cantidad de papeletas que Lawrence Buttler y Ryan Mahon.
Al rescate
Soto regresó ayer a la alineación con el equipo en medio de su peor racha desde 2002, ocasionada por la anemia ofensiva (últimos en anotadas con 75 en 23 partidos y el peor OPS de la Liga Nacional con .617) y un relevo con la novena peor efectividad del circuito (3.81).
Si el jardinero inyecta esa evidente munición y energía que hace falta y las victorias comienzan a llegar no solo quitará argumentos a los que todavía no entienden que justifica cada dólar cobrado, sino también que puede terminar con esa batalla soterrada en el camerino, propia de las molestias que genera el éxito y el reconocimiento masivo.
Si bien cuando a alguien se le entrega un contrato que parece exagerado existe un efecto dominó el cual beneficia a su clase (como reconoció Vladimir Guerrero Jr. antes de cerrar su extensión), no todos lo entienden. Hay ronchas, amén de que cada negocio está condicionado.


Nathanael Pérez Neró