Carmina Burana: un clásico de Carl Orff en la Orquesta Sinfónica Nacional

La soprano Nathalie Peña-Comas y el tenor Luis Carlos Hernández Luque encabezan el elenco solista de esta monumental interpretación dirigida por el maestro José Antonio Molina

El maestro José Antonio Molina, director de la Orquesta Sinfónica Nacional. (Archivo)

La Orquesta Sinfónica Nacional, dentro del marco de su 85 aniversario, presenta la icónica cantata "Carmina Burana", del compositor alemán Carl Orff (1895-1982). La presentación cuenta con el apoyo del Ministerio de Cultura, la Dirección General de Bellas Artes y la Fundación Sinfonía. La cantata estará dirigida por el maestro José Antonio Molina.

Después de la Novena Sinfonía de Beethoven, pocas obras han alcanzado tanta popularidad como Carmina Burana. El movimiento inicial, "O Fortuna", se ha vuelto una pieza archiconocida en anuncios, películas e innumerables videos. Orff compuso dos obras posteriores como piezas complementarias, Catulli Carmina (1941-1943) y Trionfo di Afrodite (1949-1951), pero Carmina Burana sigue siendo la más interpretada del tríptico, así como de la extensa obra del compositor.

Orff: Carmina Burana (O Fortuna) | KSO & GC | CM Berlín

Los solistas de la noche son estupendos. Nathalie Peña-Comas, nuestra celebrada soprano, ha consolidado su carrera en escenarios de Europa y América. Junto a ella estará Luis Carlos Hernández Luque, versátil tenor colombiano reconocido por lo que muchos describen como "el sabor latino", una cualidad única que define su voz como una fusión de tenor lírico con un timbre cálido y redondo.

El trío de solistas se completa con el barítono austriaco Günter Haumer, reconocido cantante de ópera y recital, solicitado internacionalmente debido a su versatilidad artística. La cantata cuenta además con un coro de cerca de 140 voces, pertenecientes, entre otros, al Coro Nacional Dominicano, el Coro Juvenil de Santo Domingo y el Coro de Cámara Fundación Fiesta Clásica.

Compuesta en 1936, Carmina Burana se estrenó mundialmente en una representación escenificada en la Ópera de Fráncfort en 1937.

En 1803 se descubrieron en la abadía de Benediktbeuren unos 250 poemas escritos en latín bajomedieval mezclado con alemán temprano. El estilo apunta a los goliardos, monjes y/o estudiantes errabundos de vida libre que hacían de las tabernas su templo; pero no se ha descartado que estos cantos fuesen una forma de protesta contra el estilo religioso en boga, o incluso que sus autores pudieran ser trovadores reales o al servicio de estos, o todo a la vez, ya que probablemente la fecha de creación fuese anterior al siglo XIII (se piensa que fueron agrupados hacia 1230) y su procedencia muy diversa.

Su compilador debió ser un erudito, cosmopolita y poderoso caballero, a juzgar por las ricas iluminaciones del manuscrito. Sin embargo, hasta 1847 no se dieron a conocer, en la edición del bibliotecario Johann Andreas Schmeller, quien los presentó con el título de cantos o canciones de Beuren, nombre que han conservado hasta hoy.

Carmina Burana es dramática, emotiva, persuasiva y pegajosa. Sus distintas partes están habitadas por múltiples pasajes de gran espectacularidad que, por sí mismos, desencajados de su contexto, provocan una fascinación inmediata.

Si bien Orff dominaba la música litúrgica y folclórica, no intentó recrear directamente un sonido medieval en su partitura. Carmina Burana hace hincapié en el ritmo y la métrica. De hecho, las partituras de Orff a partir de Carmina Burana redujeron la armonía a sus elementos básicos e hicieron lo mismo con la melodía, con predominio del canto y el habla rítmica. El propio compositor admitió que Carmina Burana no contiene un verdadero desarrollo de las ideas musicales, sino que recurre a la repetición para lograr un efecto determinado.

La estética medieval de la obra se basaba en los mismos denominadores culturales que el Imperio Alemán y el Partido Nazi utilizaron para su legitimidad y propaganda. Sin embargo, los poemas de Carmina Burana plantean más interrogantes. Su postura satírica contra la autoridad temporal y eclesiástica, junto con temas de cinismo, desolación espiritual, hedonismo y parodia, complican cualquier lectura simplista.

Orquestalmente, la partitura de Carmina Burana se fundamenta en una gran orquesta con una enorme sección de percusión. La obra consta de 25 movimientos individuales divididos en una introducción, un prólogo y tres partes principales. El coro inicial, "O Fortuna", evoca el implacable ímpetu de la Fortuna con su idea de cuatro notas, ritmos pulsantes y un lienzo orquestal que se expande gradualmente. El lamento por la inconstancia de la Fortuna continúa en "Fortune plango vulera", donde Orff utiliza un esquema que alterna las voces masculinas con el coro completo.

La primera parte, Primo vere (Primavera), evoca el renacer de la naturaleza y el despertar del amor sensual con un tono bucólico y festivo, con 10 números que incluyen coros, partes orquestales y un solo para barítono.

La segunda parte de la primera sección, "Uf dem rage" ("On the Green"), comienza con un baile literal para orquesta, enfatizando cuerdas, instrumentos de viento y cornos. Sigue otra oda coral en latín y alemán, "Floret silva", que alaba el bosque recién florecido y los juegos que ofrece a los amantes más jóvenes. El espíritu del amor lúdico continúa en "Chramer, gip die varwe mir", ahora con la adición de cascabeles.

El noveno número de la partitura, "Reie", comienza con otro baile para orquesta seguido de una sucesión de pasajes corales que alternan entre cortejo erótico y arrebato. El breve movimiento final de "On the Green" comienza con grandiosas fanfarrias y proclamaciones, pero termina obscenamente con una declaración vigorosa sobre la Reina de Inglaterra.

"In Taberna" ("En la Taberna") forma la sección central de Carmina Burana y presenta varias canciones inspiradas en la bebida y la fiesta. El solo para barítono "Estuans interius" es una lamentación sobre las desgracias del amor. El movimiento final, "In taberna quando sumus", evoca todo el ruidoso mundo de una taberna con su juego, bebida y libertinaje, como si fuera un lienzo de Breughel cobrando vida.

El ambiente se torna completamente amoroso y lascivo en la siguiente sección, "Cour d'amours" ("La corte del amor"). El movimiento inicial, "Amor volat undique", presenta voces infantiles que alaban con complacencia a las parejas enamoradas, mientras que la soprano solista describe el dolor de quienes permanecen solos.

"Dies, nox et omnia" presenta al barítono desconsolado, cuyas penas amorosas lo empujan a los registros más altos de su tesitura. "Stetit puella" presenta una visión escultural de una joven adornada de rojo, quizás la misma amada por la que el barítono suspira en "Circa mea pectora". "Si puer cum puellula" presenta al barítono y a los solistas del coro a capella, exaltando los placeres del amor carnal.

El coro completo regresa en "Veni, veni, venias" en otro roundelay de lujuria. Un aire meditativo regresa con el solo de soprano, "In trutina", donde se sopesan las opciones entre el deseo y la castidad.

"Tempus est iocundum" fluye en oleadas de júbilo mientras la soprano, el barítono, el coro y el coro infantil exaltan los juegos del amor, antes de que la soprano se desmaye en un éxtasis total en "Dulcissime".

Carmina Burana, de Carl Orff, dirigida por Gustavo Dudamel junto a la Orquesta Sinfónica y el Coro de Jóvenes Latinoamericanos.

  • La sección final consta de dos movimientos. Primero, la épica "Ave formosissima" exalta las grandes bellezas de la literatura medieval: la princesa Blancaflor, Helena de Troya y la diosa del Amor, Venus. Luego, como un cataclismo, la verdadera reina regresa con toda su furia: la Fortuna, Emperatriz del Mundo, y "O Fortuna" cierra la obra.
  • Carmina Burana, imperdible. Nos vemos el miércoles!

Estudió artes liberales. Es curiosa y le encanta escribir. La lectura y la música son su pasión. Esa pasión le ha llevado a estudiar y tratar de profundizar en un océano lleno de notas inacabables y pleno de placer.