Y después de los "therian".... llegaron los "furrys"
Aunque algunos los confundan, los miembros de esta comunidad antropomórfica no tienen mucho que ver más allá de la estética animal y la viralidad en redes sociales
A estas alturas, es casi imposible entrar en redes sociales sin cruzarse con algún avatar animal. Pero, aunque veamos internet lleno de dibujos y disfraces llamativos, muchos navegan con confusión entre estas tendencias, y llenos de preguntas: ¿qué son los “furrys”? ¿Tienen algo que ver con los “therian”? Una duda cada vez más común.
Sobre todo, porque estos usuarios son tendencia en redes sociales: ataviados con complementos de estética animal, como orejas de gato o zorro y maquillajes elaborados, la etiqueta que los muestra, “furry”, tiene 7,7 millones de publicaciones en Tiktok.
No, los “furrys” no son “therians”
Efectivamente, la respuesta más simple es que no: los “furrys” no tienen nada que ver con los “therian” más allá de, a veces, parte de su estética.
Porque, según Furscience, la web del Proyecto Internacional de Investigación Antropomórfica (IARP) el término “describe a una comunidad heterogénea que engloba a artistas, escritores, jugadores y aficionados al rol”.
Así, el corazón de esta subcultura no es otro que la creación de una “fursona”, un acrónimo de “furry” (“peludo” en inglés) y “persona”. Un personaje humano con rasgos animales, en una tendencia muy ligada a la del “cosplay” (disfrazarse e interpretar a personajes de ficción).
Tal y como subraya el equipo de Furscience, “la mayoría de los `furrys´ se representan e interactúan con el fandom utilizando ‘fursonas’ que representan versiones idealizadas, generalmente más extrovertidos, sociables y seguros de sí mismos”. No obstante, para algunos usuarios se trata simplemente de personajes ficticios a los que encarnan en juegos.
Porque, a nivel demográfico, la comunidad es joven y diversa. Las estadísticas dibujan un mapa generacional donde más de tres cuartas partes de la comunidad, el 75%, no han cumplido aún los 25 años.
Pero, más allá de la fecha de nacimiento, el perfil de género es diverso: “aproximadamente el 84% de los ‘furrys’ se identifican como hombres, el 13% como mujeres y el 2.5% son transgénero”.
Y, para rastrear las raíces de este movimiento no hace falta descender a márgenes oscuros ni prehistóricos en la red. Lejos de los foros, el nacimiento documentado de esta subcultura se produjo en una convención de ciencia ficción celebrada en 1980.
Fue allí donde un boceto de un personaje de ‘Albedo Anthropomorphics’, obra del artista Steve Gallacci, dio pie a un debate sobre el papel de los personajes antropomórficos en la ficción. Aquella charla técnica entre aficionados y creadores acabaría germinando en lo que hoy conocemos como el “universo furry”.
A partir de ahí, los aficionados comenzaron a organizar reuniones en habitaciones de hotel durante otras convenciones. Y el interés creció hasta que, en 1989, fue suficiente como para organizar la primera convención “furry” propiamente dicha, ‘Confurence 0’.
Espíritu solidario y animal
Hoy en día, las convenciones "furry" han dejado de ser pequeñas reuniones para convertirse en eventos gigantescos con un gran impacto económico. El mejor ejemplo de este éxito es la ‘Midwest FurFest’ (MFF), que se celebra cada año en Rosemont, Illinois.
En el año 2000, la convención apenas reunía a 473 personas, pero para 2022 esa cifra ya había subido hasta los 13,641 asistentes. Fue, oficialmente, la cita más grande del mundo para esta comunidad. Hasta que hace nada, en 2025, batió todos sus récords al alcanzar los 16,925 participantes.
Pero lo más interesante es que todo este despliegue no es solo para lucir los “fursuits” (esos famosos y elaborados disfraces de animales) o compartir arte, sino que tiene un carácter benéfico.
Según los datos del propio evento, a lo largo de su historia han conseguido recaudar más de 1,400,000 dólares. Un dinero que ha servido para echar una mano en causas muy distintas: desde refugios de animales salvajes hasta programas que cuidan del bienestar de las mascotas.
Pero, con tanto ruido en las redes sociales, es normal que mucha gente termine metiendo en el mismo saco a los “furries” y a otro grupo muy distinto: los “therians”. Sin embargo, aunque ambos conviven en rincones similares de internet, las diferencias son claras.
Los “therians” (o “teriántropos”) son personas que se identifican, de forma personal y profunda, como un animal no humano. Para ellos no se trata de un juego: sienten que esa esencia animal es parte de quienes son, ya sea total o parcialmente, y a esa identidad la llaman “teriotipo”.
Sin embargo, ser “furry” es, en definitiva, un hobby.
Así, por un lado, están los jóvenes que usan el arte de sus personajes para superar la timidez y terminan organizando eventos gigantescos que donan millones a causas animalistas. Por otro, personas que exploran su identidad a través de un vínculo, muchas veces espiritual, con la naturaleza.
- Eso sí, más allá de las orejas peludas, las garras o la cola, los “furries” y los “therians” tienen otra cosa en común no solo entre ellos, sino con la mayoría de seres humanos: esa capacidad infinita, y la mayoría de veces inofensiva, que tenemos las personas para reinventarnos y buscar nuestro propio lugar en el mundo…
Ya sea dentro o fuera de la red.
Sentencian a tres personas por simular ataques de un oso a sus autos para cobrar el seguro
Zendaya y Robert Pattinson: amor, secretos y caos en “The Drama”
Exsargento de la policía de NY queda en libertad bajo fianza mientras apela condena de homicidio
Mets vuelven a perder y extienden racha de derrotas a nueve, la peor en dos décadas