¿Te suben los triglicéridos por la grasa que comes… o por el arroz, el pan y el jugo?
Las causas pueden ir mucho más allá de la alimentación y están relacionadas con el metabolismo y otros factores de salud
Cada semana llega alguien a mi consulta con los triglicéridos en 300 o 400 mg/dL y la misma frase: "pero doctora, si yo casi no como grasa".
Y ahí empieza la conversación incómoda, porque en la mayoría de los casos el problema no está en el aceite de la sartén, sino en el plato de arroz, el pan de la mañana, el jugo "natural", la malta y las cervecitas del fin de semana.
Los triglicéridos son la forma en que el cuerpo guarda energía. Cuando comemos más harinas refinadas y azúcar de lo que gastamos, el hígado convierte ese exceso en grasa, un proceso llamado lipogénesis de novo, y lo empaqueta en partículas VLDL que salen a la sangre.
La fructosa de los refrescos, jugos y el azúcar de mesa es especialmente eficiente para encender ese proceso, porque el hígado la procesa casi toda sin los frenos que regulan la glucosa. El alcohol hace algo parecido: aumenta la producción de triglicéridos y retrasa su eliminación.
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Compañeros de los triglicéridos
El otro gran protagonista es la resistencia a la insulina. Cuando la insulina no funciona bien, el tejido graso libera más ácidos grasos hacia el hígado, este fabrica más VLDL y, al mismo tiempo, la lipoproteína lipasa, la enzima que limpia esos triglicéridos de la sangre, trabaja más lenta.
Por eso casi nunca vienen solos: los acompañan la grasa abdominal, el hígado graso, la glucosa elevada y el HDL bajo.
Pero no todo es comida. En consulta siempre descarto hipotiroidismo, diabetes descontrolada, enfermedad renal, embarazo y medicamentos como corticoides, estrógenos orales, algunos betabloqueadores, diuréticos tiazídicos, isotretinoína y antipsicóticos.
Y cuando veo cifras por encima de 1,000 mg/dL, pienso en causas genéticas, porque ahí el riesgo inmediato es la pancreatitis.
Lecciones científicas
Ahora lo controversial: el estudio REDUCE-IT, publicado en el New England Journal of Medicine en 2019, mostró cerca de 25 % menos eventos cardiovasculares con icosapento de etilo, pero fue cuestionado por usar aceite mineral como placebo.
STRENGTH, con otra fórmula de omega-3, no encontró beneficio, y PROMINENT, con pemafibrato, bajó los triglicéridos alrededor de 26 % sin reducir infartos ni muertes.
La lección es que el número por sí solo no cuenta toda la historia, pesa más la carga total de partículas que dañan la arteria, lo que medimos con la apoB o el colesterol no-HDL.
La buena noticia es que pocos marcadores responden tan bien al estilo de vida. La Asociación Americana del Corazón estima que los cambios en alimentación, actividad física y peso pueden reducirlos entre 20 y 50 %, y perder apenas 5 a 10 % del peso ya se nota en el laboratorio.
Mi base con cada paciente: fuera bebidas azucaradas y jugos, menos harinas refinadas, alcohol al mínimo, más pescado azul, legumbres y vegetales y movimiento diario que incluya fuerza.
Así que la próxima vez que veas los triglicéridos altos, antes de culpar al aguacate, revisa el vaso de jugo.
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