El alzhéimer entre los olvidos intermitentes y la alteración de la familia
El impacto emocional es abrumador, indica Romer Mena, especialista en adultos mayores, quien advierte que esta situación no deja indemnes a los familiares, amigos y allegados
Perder un recuerdo puede parecer un hecho cotidiano. Olvidar dónde se dejaron las llaves, una cita o el nombre de una persona suele formar parte de la experiencia humana.
Sin embargo, cuando los olvidos se vuelven frecuentes y comienzan a borrar fragmentos de la propia historia, las consecuencias trascienden la memoria y alcanzan la identidad misma de quien los padece.
Así lo explica Romer Mena, especialista en adultos mayores, quien advierte que la enfermedad de Alzheimer no solo afecta a los pacientes, sino también a todo su entorno familiar.
“Los recuerdos representan los elementos fundamentales de la biografía de cada individuo. Características tan importantes como la identidad, los rasgos de personalidad, las aficiones, los aprendizajes y las vivencias son parte de las huellas que conforman quiénes somos”, señala.
Según el especialista, la pérdida progresiva de esta información transforma la vida cotidiana de quienes desarrollan la enfermedad. A medida que los recuerdos desaparecen, también se debilita la capacidad de reconocer el presente y proyectarse hacia el futuro.
“El impacto emocional es abrumador. Esta situación no deja indemnes a los familiares, amigos y allegados de quien padece esta pérdida de memoria”, afirma.
Una enfermedad que comienza años antes
Contrario a la creencia popular, el Alzheimer no aparece de forma repentina. Mena explica que los olvidos relacionados con la enfermedad suelen iniciar de manera gradual entre diez y quince años antes de que los síntomas sean evidentes para quienes rodean al paciente.
Esta etapa temprana es conocida como deterioro cognitivo leve (DCL), un período en el que las personas pueden experimentar fallas de memoria, aunque todavía conservan su independencia y funcionalidad.
“Es vital comprender que el deterioro cognitivo leve no debe verse únicamente como un diagnóstico descriptivo, sino como la ventana de oportunidad clínica más importante para la intervención temprana”, destaca.
Durante esta fase, añade, es posible implementar estrategias de estimulación cognitiva y modificaciones en el estilo de vida que contribuyan a ralentizar el avance del deterioro.
En las primeras etapas de la enfermedad, muchos pacientes son conscientes de sus dificultades para recordar información. Esta situación suele afectar la confianza en sí mismos, la autonomía y la capacidad para realizar actividades cotidianas, generando una dependencia progresiva de familiares o cuidadores.
El papel de la familia
Ante un diagnóstico de Alzheimer, el acompañamiento familiar se convierte en una pieza fundamental del tratamiento. Para Mena, el primer paso consiste en comprender la enfermedad.
“Solo podremos comprender, obtener herramientas útiles y cuidar efectivamente aquellas condiciones de las cuales estamos debidamente instruidos”, explica.
Por ello recomienda a los familiares buscar información respaldada por especialistas, instituciones sanitarias y evidencia científica, evitando los mitos o creencias erróneas que suelen rodear las enfermedades neurodegenerativas.
La dimensión emocional también ocupa un lugar central. El especialista subraya que, aunque la memoria se vea afectada, las emociones permanecen activas durante gran parte del proceso.
“La pérdida de memoria imposibilita el acceso a la información, pero no a la esfera emocional”, señala.
Recomendaciones:
Romer Mena recomienda practicar la escucha activa, validar los sentimientos del paciente y procurar ambientes que reduzcan el estrés y la ansiedad. Además:
- Educarse sobre la enfermedad: Utilice información suministrada por especialistas, fuentes científicas o instituciones sanitarias. Solo podremos comprender, obtener herramientas útiles y cuidar efectivamente aquellas condiciones de las cuales estamos debidamente instruidos.
- Escucha activa y validación emocional: La afectividad es crucial durante todo el proceso. La pérdida de memoria imposibilita el acceso a la información, pero no a la esfera emocional. Una persona estresada, angustiada, triste o desesperanzada está, bioquímicamente, más proclive a fallas en los procesos mentales superiores.
- Promover la autonomía: Fomente el aprendizaje en quien tiene fallas en la memoria, siempre bajo el acompañamiento o la supervisión de personas de confianza.
- Conservar la sociabilidad: Promueva la integración y la participación colectiva, lo cual fomenta la estimulación de las capacidades cognitivas.
- Establecimiento de actividad física moderada: Es una estrategia fundamental para la conservación, regeneración y protección de nuestras neuronas, además de ser esencial para mantener la salud cardiovascular y articular.
- Cuidado con sentido humano: Cuidar es un acto de amor que florece cuando se comparte desde el corazón.