Ocoa: ¿jardín del narcotráfico?
Arrancar las plantaciones no basta si no se desmantelan las redes criminales
San José de Ocoa se ha ganado, durante décadas, un lugar privilegiado en el imaginario dominicano. Sus montañas, clima, ríos y paisajes la han convertido en uno de los principales destinos del ecoturismo nacional y en una provincia reconocida por la calidad de su producción agrícola. Sin embargo, en pocas semanas ese retrato idílico ha comenzado a ensombrecerse por una sucesión de hallazgos que no se pueden ver como hechos aislados.
En menos de un mes, las autoridades han decomisado más de 15,400 plantas de marihuana en distintos operativos realizados en las zonas montañosas de la provincia, una cifra que revela la existencia de una actividad organizada y sostenida, imposible de atribuir a la improvisación o al esfuerzo individual de unos pocos.
La pregunta ya no es cuántas plantas se han encontrado. La verdadera interrogante es quién está detrás de ellas.
Porque sembrar miles de plantas en terrenos apartados exige financiamiento, logística, vigilancia, transporte y una estructura capaz de mantener la operación durante meses sin ser detectada. Eso no se construye con tres jornaleros ni con agricultores que apenas sobreviven del trabajo diario.
Precisamente por eso resulta acertada la reflexión del abogado de los tres hombres inicialmente detenidos y luego liberados por falta de pruebas suficientes. Su planteamiento merece atención: “Hay que investigar de quién son las matas, de quién es el terreno y quiénes son los verdaderos responsables”. Esa debería ser también la prioridad de las autoridades.
Someter judicialmente a tres obreros puede satisfacer la necesidad inmediata de presentar responsables, pero difícilmente desmontará la organización criminal que parece haberse instalado entre las montañas ocoeñas. Si la investigación se queda en los últimos eslabones de la cadena, el problema volverá a reproducirse una y otra vez.
La República Dominicana ya conoce demasiado bien las consecuencias de perseguir únicamente a los ejecutores, mientras los verdaderos financiadores permanecen en las sombras. La experiencia demuestra que, cuando no se sigue el rastro del dinero, de la propiedad de los terrenos y de quienes financian las operaciones, el negocio ilícito simplemente cambia de manos y continúa.
Ocoa merece algo mejor. Merece seguir siendo conocida por sus aguacates, fresas, café, paisajes y sus proyectos turísticos, no por convertirse en una referencia nacional del cultivo ilegal de marihuana. El prestigio de una provincia se construye durante generaciones, pero puede deteriorarse rápidamente cuando el crimen organizado encuentra espacio para operar.
Las autoridades han demostrado capacidad para localizar las plantaciones. Ahora deben demostrar la misma determinación para identificar a quiénes las financian, las protegen y obtienen las ganancias.
Porque arrancar miles de matas es un éxito operativo. Desmantelar la estructura criminal que las siembra, es la verdadera victoria que espera el país.
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