El Banco Central: pilar de la estabilidad macroeconómica
La reputación del Banco Central dominicano ante los organismos financieros internacionales
Desde la primera parte de la década de los noventa del siglo pasado y durante el primer cuarto del siglo XXI, la economía dominicana se ha expandido y diversificado de una manera verdaderamente sorprendente. Se ha convertido en la economía más grande de Centroamérica y el Caribe y está, según se mida, en el sexto o séptimo lugar entre las economías latinoamericanas y caribeñas. Los organismos financieros internacionales y los observadores de la economía regional llevan años poniendo atención a lo que sucede en nuestra economía que ha mostrado una capacidad excepcional de crecer y de responder con gran resiliencia a las crisis internacionales que impactan a nuestro país y los demás países de nuestra región.
En esa historia económica, el Banco Central de la República Dominicana, encabezado durante la mayor parte de ese ciclo económico por el gobernador Héctor Valdez Albizu, ha sido un pilar fundamental. Con su liderazgo, el Banco Central ha sabido responder con eficacia a situaciones cambiantes, tanto en momentos de bonanza como de amenazas y presiones externas, como ocurrió con la crisis financiera de 2008 y más tarde con la pandemia del COVID 19. El objetivo siempre ha sido mantener la estabilidad macroeconómica como condición necesaria para el crecimiento y el desarrollo.
Durante estos años, el país ha tenido buenos gobernantes, cada uno con sus fortalezas y debilidades y su mayor o menor grado de eficacia y sus énfasis propios en cuanto a políticas públicas. Han gobernado con moderación y con respeto al clima de inversión privada, tanto nacional como extranjera. La estabilidad política y la gobernabilidad han sido factores clave que han servido al progreso que ha experimentado la República Dominicana durante todos estos años. No obstante, sin estabilidad macroeconómica nada de esto hubiese sido posible. La hiperinflación y la inestabilidad cambiaria, por ejemplo, socavan la estabilidad política y la propia democracia, como ha ocurrido tantas veces en América Latina. El Banco Central ha sido una pieza fundamental para que el sistema político y económico del país cuente con un ambiente de confianza imprescindible para la atracción de inversiones y la expansión económica.
La economía dominicana, por su crecimiento y diversidad, tiene una complejidad que no es usual en economías de países pequeños como el nuestro. Contamos con un pujante sector exportador -turismo, zonas francas, exportaciones nacionales en diferentes rubros, por ejemplo-, pero, a la vez, existe un robusto sector importador, tanto de bienes de consumo como de materias primas para la producción. Lograr un balance en una economía de este tipo es una tarea sumamente difícil, pero el Banco Central ha estado a la altura de los desafíos.
Esta institución cuenta, además de un liderazgo fuerte, con un equipo técnico de primera clase que no tiene nada que envidiarle a ningún Banco Central de nuestra región. Desde luego, entre los economistas puede haber diferencias de opiniones sobre la idoneidad de una u otra medida que adopte el Banco Central en una coyuntura específica, lo cual es perfectamente entendible, pero los resultados de las políticas cambiaria, monetaria y financiera que esta institución ha adoptado durante estos años han sido, en balance, muy beneficiosos para la estabilidad y el crecimiento de la economía dominicana.
Estas reflexiones surgen a propósito de un despliegue informativo sobre las acciones legales de una empresa o conjunto empresarial, con relación al reclamo judicial que le hacen al Banco Central respecto de una alegada acreencia. Desde luego, nadie puede cuestionar que quien se considere titular de una acreencia la reclame contra quien dice ser su deudor, ya sea un ente privado o público. Cuando esto ocurre, los tribunales competentes son los encargados de darle la razón a quien la tenga.
El problema reside, sin embargo, en que, en este caso, los reclamantes hacen un despliegue mediático anunciando un embargo retentivo contra el Banco Central de la República Dominicana en manos de las entidades financieras del país, a la vez que anuncian notificaciones a los organismos financieros internacionales. Sin duda, estas acciones generan un ruido que puede confundir a sectores de la sociedad que pudiesen pensar que el Banco Central es un actor recalcitrante que no cumple con la ley, lo cual, por supuesto, no es el caso. Esto afecta la imagen de la institución que ha jugado un papel tan importante en la estabilidad y el crecimiento de la economía dominicana.
En lo que respecta a si procede o no un embargo retentivo contra las cuentas del Banco Central, el artículo 16 de la Ley Monetaria y Financiera, la cual tiene un carácter “superorgánico” para usar el término que acuñó el colega y amigo Eduardo Jorge Prats, dispone lo siguiente: “El Banco Central tiene patrimonio propio inembargable y afecto exclusivamente al cumplimiento de sus fines”. Asimismo, el artículo 1 de la Ley número 86-11, sobre el Embargo Retentivo de Fondos Públicos, dispone que los fondos públicos depositados en entidades de intermediación financiera o asignados en subcuentas especiales de la Tesorería Nacional en provecho de los órganos del Estado, “no podrán ser retenidos como consecuencia de embargo retentivo u oposición de cualquier naturaleza”. De modo que, ningún tribunal puede validar un embargo retentivo que se trabe contra cuentas del Banco Central en cualquiera de las instituciones de intermediación financiera del país ni éstas comprometen su responsabilidad al no acatar un embargo retentivo contra el Banco Central.
Asimismo, enviar notificaciones al Banco Mundial, al Banco Interamericano de Desarrollo y al Fondo Monetario Internacional no tiene efecto jurídico alguno, pero sí pueden causar daño a la imagen del Banco Central en esos organismos financieros internacionales. Como saben los que dan seguimiento a los asuntos económicos, el Banco Central de la República Dominicana goza de un gran respeto en esos organismos internacionales, lo que constituye un bien público inconmensurable que debemos proteger.
El destino de un litigio se decide en los tribunales, no en la opinión pública. Si el reclamante tiene o no razón es algo que no le concierne a este articulista. Si al agotarse todas las vías recursivas ese reclamante resulta ganancioso tendrá, entonces, derecho a cobrar su acreencia. Mientras tanto, como sabe todo litigante, deberá esperar pacientemente a que el proceso concluya y exista una sentencia con la autoridad de la cosa irrevocablemente juzgada. Esto no ha sucedido todavía.
La buena imagen del Banco Central, tanto en el plano nacional como internacional, es un bien público intangible que ha sido clave para la confianza de los agentes económicos, la atracción de inversiones y la estabilidad del país durante las últimas décadas. Esa imagen hay que preservarla y protegerla para bien de la economía dominicana, del sistema financiero y de la sociedad en general.
A Luis Henry Molina lo frustra que jueces destituidos por faltas graves no enfrenten justicia penal
El Estadio Quisqueya y sus 411 dejará un montón de recuerdos una vez sea demolido
Luis Peña a las puertas de la redención, del matadero al montículo
El riesgo soberano mantiene perspectiva favorable pese a alzas de los bonos en EE. UU.