La seducción dañina
El peligro acecha tras las pantallas de niños y adolescentes
Las cifras no admiten eufemismos. La seducción de menores ha dejado de ser un drama subterráneo para convertirse en una emergencia nacional. En 2025, la República Dominicana registró 2,306 denuncias vinculadas a este delito, el nivel más alto de la última década, confirmando que no se trata de episodios aislados, sino de una conducta extendida, persistente y demasiado tolerada socialmente.
Lo más grave es que el problema no comienza en los tribunales, sino mucho antes: en comunidades donde aún se romantizan relaciones abusivas, en hogares donde el silencio pesa más que la denuncia y en pantallas donde depredadores encuentran acceso a niños y adolescentes. El miedo, la vergüenza y los prejuicios siguen funcionando como aliados de los agresores, mientras muchas víctimas quedan atrapadas entre la manipulación, la dependencia emocional y la falta de adultos capaces de advertir las señales.
La respuesta no puede limitarse al castigo penal. Hace falta prevención, educación, vigilancia institucional y una conversación franca dentro de las familias, las escuelas y las iglesias. Los padres no pueden renunciar a saber qué consumen sus hijos, con quién hablan y qué influencias reciben en redes sociales. Proteger no es invadir; es acompañar. Hoy más que nunca, esa puede ser la diferencia entre una alerta oportuna y una tragedia irreversible que después todos lamentan.