Wander, no es el momento
El dilema ético detrás de la posible convocatoria de Wander Franco
Hay personas que cumplen una pena y, aun así, nunca logran reintegrarse a la sociedad. También las hay que encuentran atajos y resquicios para eludir las consecuencias de sus actos. Y existen otras que, aunque son declaradas culpables, reciben sanciones que no implican prisión efectiva.
En esos casos queda otra pena: la condena social. Esa no la dicta un tribunal ni tiene una duración exacta. Depende de la gravedad de los hechos, del tiempo transcurrido, de la reparación del daño y de cuán abierta permanezca la herida colectiva.
Wander Franco tiene derecho a rehacer su vida y a ganarse el sustento. Eso no está en discusión. Pero representar a la República Dominicana no es simplemente volver a jugar béisbol. Vestir el uniforme nacional supone encarnar al país, portar sus símbolos y recibir una legitimidad pública que supera cualquier contrato deportivo.
La Federación Dominicana de Béisbol alegó que jurídicamente no existía impedimento para convocarlo. Puede ser cierto. Sin embargo, que algo sea legal no significa que sea oportuno, prudente o socialmente aceptable.
Quizás Franco pueda regresar a un equipo profesional, incluso a la pelota dominicana. Pero integrar ahora la selección nacional habría sido precipitado. El país no ha cerrado esa herida. Y representarlo exige más que estar habilitado para jugar.
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