La Española: un anacronismo

Del mito a la realidad sobre la denominación territorial de Santo Domingo

Para explicar la práctica de situar hechos y personajes fuera del período histórico al que corresponden, los griegos acuñaron el término anacronismo. ¿Qué significa? Entre varias acepciones, el DRAE lo define como un “error consistente en confundir épocas o situar algo fuera de su época”.

El tema viene a colación a propósito del partido de fútbol celebrado recientemente en el país entre las selecciones nacionales de Haití y República Dominicana, en el marco de la Liga de Naciones auspiciada por la Concacaf. Es de público conocimiento que, al finalizar el referido partido, Wilson Isidor, delantero del conjunto haitiano, emocionado por el triunfo de su equipo, exclamó a todo pulmón: “!La Española es Haití!”.

Estamos, evidentemente, ante una falsa percepción que durante años  ha arraigado en la mentalidad de intelectuales y ciudadanos haitianos, gran parte de los cuales insiste equivocadamente en que Haití es el nombre de nuestra isla. Más aún: cuando no emplean este vocablo para designar la isla, entonces apelan al inapropiado nombre de Española.

Documentos históricos fidedignos dan cuenta de que Española, nombre que Cristóbal Colón dio a la isla el 9 de diciembre de 1492, se usó a lo largo del siglo XVI y parte del XVII. Pero, a medida que adquirió fama el nombre de la ciudad de Santo Domingo, el vocablo Española fue gradualmente alternándose con el de la ciudad Primada de América hasta que -mediado el siglo XVII- terminó prevaleciendo el nombre de isla de Santo Domingo.

Así las cosas, fue que después de 1640, cuando piratas y bucaneros franceses procedentes de San Cristóbal y de La Tortuga ocuparon la parte septentrional de la isla de Santo Domingo decidieron identificar como Saint Domingue o Santo Domingo francés a la colonia que allí quedó establecida bajo la férula imperial de Francia.

Postreramente, tras finalizar la revolución antiesclavista (1791-1804) que dio lugar a la creación de la República de Haití, los criollos afro franceses reunidos en Asamblea Constituyente decidieron eliminar el nombre de Saint Domingue y sustituirlo por el de Haití. Derecho pleno les sobraba para designar al nuevo estado con el nombre que más se aviniera con su proyecto nacionalista, más no así para arrogarse el derecho de cambiar unilateralmente el nombre histórico de la isla, que era y es Santo Domingo y no La Española.

En este sentido, todo buen dominicano, consciente de su identidad nacional, debe tener presente el Art. 9 de la Constitución dominicana, según el cual: “El territorio de la República Dominicana es inalienable. Está conformado por la parte oriental de la isla de Santo Domingo, sus islas adyacentes y el conjunto de sus elementos naturales de su geomorfología marina.”

Respecto del vocablo Hispaniola, que fue un error de traducción del cronista Pedro Mártir de Anglería, conviene reiterar que nunca fue nombre oficial de la isla. No obstante, a partir de 1933 y por resolución de la Sociedad Norteamericana de Geografía, Hispaniola fue adoptado como nombre cartográfico de la isla. Desde entonces ha devenido de uso común en la cartografía internacional y en textos de ciencias naturales y geográficas.

En conclusión: el nombre de Española es un anacronismo y solo tiene validez para referirse a un período temprano de la historia colonial de Santo Domingo. En cuanto se refiere al nombre de Santo Domingo, que nos identifica como nación, resulta innegociable porque de él deriva el gentilicio natural de los dominicanos, que tanto reivindicó Juan Pablo Duarte.

Historiador y ensayista. Especialista en historia dominicana.