Don Luis Crouch
La decisión legislativa de renombrar la Circunvalación Norte
El legado de Salvador Jorge Blanco, como el de todo político, puede ser (y es) objeto de discusión. El de don Luis Crouch es indiscutible. No hacía falta “quitarle“ una avenida a don Luis para “dársela“ al expresidente.
Don Luis Crouch fue una figura clave en el desarrollo de Santiago en una de las etapas más vibrantes e interesantes de la región. Y su legado ha crecido con la perspectiva del tiempo, ese juez implacable. Se propuso y supo inocular en diferentes sectores de la sociedad dominicana el amor por la naturaleza desde un punto de vista científico y productivo. Fue un ambientalista con conocimiento de causa antes de que se pusiera de moda el término y antes de la politización del concepto.
En las entrevistas respondía a los periodistas con paciencia para el fondo y gentileza en las formas. Desde la discreción ponía en marcha programas agrícolas, forestales, alimentarios, de formación y lograba sinergias realmente fructíferas. En el plano personal dejó una huella profunda en los que le acompañaron en esta larga travesía profesional.
Quizá sus señorías no sabían que la Circunvalación Norte de Santiago con la que honran a Jorge Blanco ya tenía dueño. Ignorancia imperdonable. O quizá lo sabían y no valoran lo que don Luis hizo por el país. Imperdonable al cuadrado.
A nuestros legisladores les encanta proponer nombres, bautizar calles, crear municipios, multiplicar ayuntamientos. Es uno de los campos donde más entusiasmo despliegan porque –creen- les hace brillar en sus demarcaciones. Algunos años todo lo inaugurable se llamó Juan Bosch, otros Joaquín Balaguer. Homenajes políticos de legisladores agradecidos. En este campo se entiende, obviamente, este último honor.
Pero para llegar al Congreso debería ser necesario algo más que bautizar carreteras y favorecer a sus compañeros de curul dueños de bancas de apuestas. (Realmente nuestros legisladores tuvieron una semana bastante desafortunada.)