¿Nace una nueva crítica?
La poética de Meschonnic y su recepción internacional
1. Leí alborozado el primer artículo de Mirope Bragui Pérez titulado “Llegué de vuelta” (Diario Libre viernes 29 de mayo de 2026, p. 31), porque anunciaba el nacimiento de una nueva crítica literaria periodística en nuestra sociedad «… necesitada de orientaciones de buena fe, sine ira et estudio (sin ira ni parcialidad o “sin odio ni pasión”), como prometió Tácito.»
2. Reparé de inmediato en el curioso nombre y apellidos de la nueva o el nuevo crítico literario y me dije: Puede ser una hija de italiano y dominicano. ¿Por qué no?, en esta época de grandes migraciones e identidades cambiantes. Pero no hay rastro de ese nombre y apellidos en el Registro Civil de la Junta Central Electoral ni en la guía telefónica y concluí en que se trata de un seudónimo. Solo plantea problema el nombre de Mirope. Remite a la mitología griega, una de las pléyades (son únicamente siete, pese a que en nuestra cultura los letrados usan ese sustantivo como equivalente de una multitud o gran cantidad de personas, siempre ilustres. El referido sustantivo se aplica a personas del sexo masculino como del femenino. ¿Bisexual, andrógino, trans? Experiencia vivida: en los años 73 o 74 del siglo pasado fui con el difunto Víctor Livio Cedeño al colmado “Miropo”, propiedad de su compueblano higüeyano del mimo nombre.
3. ¿Por qué ocultarse en un seudónimo cuando todo el mundillo literario quisiera conocer a esa genialidad llegada, al parecer desde Roma, cuna del Renacimiento? Existen múltiples razones por las que una persona usa un seudónimo literario, pero me limito a dos: Primero: por razones sociales y la posición pública que ocupa no se desea exponerse al ruedo de las polémicas; y segundo, ocultarse en un seudónimo literario implica, quizá, temor a enfrentarse a los autores y sus obras. Por otra parte, no especifica Mirope si realizó estudios formales en alguna universidad de aquella urbe. Pero las motivaciones de la empuñadura de la pluma son claras: 1) Viene a deshacer entuertos, porque se encuentra «… la prolífica producción literaria dominicana, tan ávida de orientadores de buena fe, sine ira et studio (sin ira ni parcialidad)»; 2) Viene a ejercer “de buena fe” la crítica literaria periodística y se centrará en «… las ‘novedades’ y las obras ‘añosas’ que «no pierden vigencia ni oportuna significación antes las realidades actuales.» Proyecto grande y ambicioso el de Mirope, condenado a bajar y subir la mitológica roca alternativamente. Por la siguiente razón: Desde que alguien dice o escribe la palabra “yo” o usa un adjetivo, ahí mismo comienzan la subjetividad y la parcialidad, las pasiones, los odios, la pertenencia de clase, las ideologías, la personalidad y los mitos culturales con los que viene al mundo esa criatura que se convertirá en crítica o crítico literario de “mente serena” y que no les permitirán ser “neutro o imparcial”, como reza el “axioma” de Tácito, (Anales I. 1. París: Pléïade, Gallimard, 2014, p. 273). Si aspirara a ser neutro, imparcial, sin odio ni pasiones, “de mente serena”, el discurso de Mirope sería, como dice Roland Barthes, un discurso de una maestra o maestro de la verdad.
4. Ese maestrazgo de la verdad lo anuncia Mirope en el segundo artículo publicado en el mismo Diario Libre del viernes 5 de junio de 2026, p. 23, cuando delinea los objetivos de la crítica literaria que ya está ejerciendo, aunque no anuncia con qué método ni con cuáles conceptos. Pero se advierte por su discurso que es el subjetivismo estilístico y sus nociones caducas con los que va a operar. En el primer párrafo se propone salvar «… la supernumeraria producción literaria local» y rompe lanzas en contra de los siguientes métodos de análisis de la obra literaria: La producción literaria dominicana «… asediada por ambos extremos de la mala crítica, una que anda cojeando con las muletas de teorías académicas como el posestructuralismo y la deconstrucción, otra que hostiliza obras y autores para desahogar frustraciones propias sin procurar orientar al lector de periódico sobre los placeres de las buenas lecturas y su potente influencia transformadora.» ¿Placer de la lectura? Pura copia de Barthes y su libro El placer del texto.
5. El discurso de Mirope muestra una falla de método, porque no designa a los adversarios dominicanos que siguen en sus obras el posestructuralismo, la deconstrucción y las “unívocas poéticas que “hostiliza[n] obras y autores” y muestran a la nueva crítica o a ese nuevo crítico como a alguien que “dice lo que va a hacer y no lo hace”: Ser neutro, imparcial, sereno, sin odio ni pasiones al ejercer la crítica. El discurso de Mirope está dirigido, como decía Max Henríquez Ureña., a todos y a ninguno. No dice quiénes son esos críticos que desahogan sus frustraciones. Los innumerables adjetivos usados por Mirope en su primer párrafo donde descalifica a esos tres tipos de crítica literaria (el posestructuralismo, la deconstrucción y las unívocas poéticas), son una demostración de que su discurso analítico cree ser el único, total y verdadero que sabe leer textos literarios y respetar al lector: «Orillada en cada extremo está la deleznable tradición del ninguneo, el silencio ante obras ajenas cuya promoción temen los mediocres empeñados en sus vanidosa infatuación consigo mismos. Matar un texto aplastándolo con análisis teóricos o unívocas poéticas, priva al público del necesario estímulo que conduce a la creación de un más amplio mercado de lectores. Casi lloré al oír a un excelente poeta quejarse de que escribir en Santo Domingo es como presentar una obra de teatro ante un auditorio vacío. Al lector, al espectador, al consumidor de obras, debemos cuidarlo como a la niña de los ojos. Es una especie casi en extinción.» Esta queja se produce en todas las épocas. Basta para probarlo, consultar los periódicos de los siglos XIX y XX. Hubo un periódico en el siglo XIX cuyo lema era “AQUÍ NO SE LEE PORQUE NADIE ESCRIBE Y NO SE ESCRIBE PORQUE NADIE LEE”. En el siglo XX, Héctor Incháustegui Cabral, en plena dictadura trujillista, afirmó que en este país ni la censura leía.
6. ¿Cuál es el tipo de crítica que le gusta a Mirope? La de Basilio Belliard, que «… representa la tarea del equilibrista.» El equilibrista es un conciliador que está con Dios y con el Diablo. Y la de José Rafael Lantigua, quien afirmó que no era crítico literario, sino un divulgador de las obras que merecían leerse, al igual que el oficio de Marianne de Tolentino, quien solo escribía, antes de dejar la crítica literaria por la de arte, sobre las obras que le gustaban: «Esta crítica o recensión en la prensa es distinta a la de la academia, que exige otro rigor y está dirigida a un público especializado. Alguien que me precedió en este Diario Libre, el insustituible José Rafael Lantigua, a quien conocí en Madrid, lo comprendía mejor que muchos al citar como si fuese un adagio mocano que ‘esto solo se entiende como algo que se hace por amor al arte’.» Tanto el gusto como la teoría del arte por el arte son conceptos caducos que esconden el subjetivismo y el empirismo en cualquier disciplina. Pero Mirope, quien vitupera el posestructuralismo, la deconstrucción y las poéticas unívocas, al menos, cuando analiza el libro de la sicóloga Ana Simó, le reconoce a la poética «… la poderosa influencia transformadora de la lectura (que el lingüista Meschonnic atribuye a la escritura).» En nuestro país, existe un crítico literario académico, Pedro Henríquez Ureña, un experto en la crítica literaria periodística y a quien los lectores de Mirope deberían consultar para aprender su método. Sea o no académico, el ejercicio de la crítica literaria exige pruebas de lo que se afirma. El “llegué de vuelta” y el “silbato sinfónico” serán una actividad más dentro del pluralismo de la crítica literaria de periódicos en nuestra sociedad-cultura, pero ojo con ese silbato, que la música es una disciplina diferente a la literatura, aunque ambas funden su valor en el ritmo, cuyo funcionamiento es también distinto en las dos artes.
7. Le recuerdo a Mirope el mantra que considero una guía para el ejercicio de la crítica literaria, de periódico o académica: NI ELOGIO, NI CONDENA NI SILENCIO. Si usted elogia, no hay crítica, sino halago; si usted condena, tampoco hay crítica, sino rechazo o desconocimiento; y si usted guarda silencio ante una obra, de valor o no, priva a la sociedad y a los lectores de la propia opinión del crítico. Si la obra tiene valor, hay que publicar con cuál método y con cuáles conceptos de ese método usted establece el valor literario de una obra. Si usted guarda silencio ante una obra exenta de valor literario, usted valida las ideologías de época que vehicula semejante obra y sobrevalora al escritor malo que con el poder social, político o económico que posee, logra que su obra de mala calidad se convierta en “obra de valor” mediante propaganda. Esta gloria le dura poco porque la obra mala envejece rápidamente. La obra que carece de valor literario es más signo que símbolo y se dedica a copiar los sentimientos y emociones falsos o verdaderos de personajes de ficción o del mundo real.
8. Quizá no ha leído Mirope los libros de Meschonnic, porque acoge lo que han dicho en el país algunos adversarios de la poética y la autora no cita un solo libro del poeta y lingüista francés que avale su juicio y tampoco ha leído la recepción que ha tenido la poética en todas las Antillas mayores y menores y en Estados Unidos, aparte de la acogida en toda Europa, en Japón, en Corea (dos países donde han sido traducidas algunas obras de Meschonnic). Solo tiene ella/él que solicitarle a Internet esas recepciones. Ahora en la ínclita Hispania, país de Europa que faltaba por acoger la poética, en la editora de la Universidad de Málaga, ha publicado Manuel Pacheco Sánchez el primer libro dedicado a la poética. En América Latina, la recepción de la poética ha sido amplia (con varias traducciones, sobre todo en Argentina, México, Colombia, República Dominicana y Brasil). Razón por la que rechazo la opinión de un poeta (Basilio Belliard) que una vez me dijo que la poética de Meschonnic no la conocía nadie y que no había tenido ninguna influencia en el mundo. Ese poeta es todo un doctor en literatura, pero seguramente es un discípulo del Cusano. (FIN).
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