Puerto Plata y la doctrina de la productividad

La Novia del Atlántico ha recuperado dinamismo económico en los últimos años

Solo en 2024, la provincia recibió más de 1.8 millones de cruceristas a través de Amber Cove y Taíno Bay, consolidándose como uno de los principales hubs de cruceros del Caribe. (Archivo/Diario Libre)

Hay momentos en la vida económica de un territorio en los que la pregunta decisiva deja de ser cuánto estamos creciendo y pasa a ser, con mayor exigencia, qué tipo de crecimiento estamos produciendo y quién captura su valor.

El Foro Empresarial de Puerto Plata, organizado por la Cámara de Comercio y Producción de Puerto Plata bajo el liderazgo de su presidenta Mileika Brugal, ocurre precisamente en uno de esos momentos: cuando el crecimiento deja de ser suficiente y la productividad se convierte en el verdadero criterio de desarrollo.

Puerto Plata ha recuperado dinamismo económico en los últimos años. Solo en 2024, la provincia recibió más de 1.8 millones de cruceristas a través de Amber Cove y Taíno Bay, consolidándose como uno de los principales hubs de cruceros del Caribe.

A nivel nacional, el turismo aportó cerca de US$10,000 millones en divisas, representando aproximadamente el 8 % del PIB, según datos del Banco Central de la República Dominicana.

Sin embargo, esta expansión —visible, celebrada y necesaria— obliga a formular una pregunta más profunda: ¿cuánto de ese valor permanece en el territorio?

Porque el verdadero desarrollo no se mide por el volumen de actividad, sino por la capacidad de captura de valor local.

En términos estructurales, la economía dominicana mantiene un crecimiento promedio cercano al 5 % anual en las últimas dos décadas, una de las tasas más altas de América Latina.

No obstante, ese crecimiento ha estado acompañado de un desafío persistente: la baja productividad relativa frente a economías comparables. El propio Banco Central de la República Dominicana ha advertido que el crecimiento basado en acumulación de capital y empleo enfrenta rendimientos decrecientes si no se eleva la productividad total de los factores.

Esta tensión entre crecimiento y productividad es el punto de inflexión. El economista Joseph Schumpeter advertía que el desarrollo económico no es una simple expansión, sino un proceso de “destrucción creativa”, donde la innovación reorganiza la estructura productiva y genera nuevos niveles de valor.

Más adelante, Michael Porter complementó esta visión señalando que la competitividad de los territorios depende de su capacidad para construir clusters productivos que eleven la eficiencia sistémica.

Aplicado a Puerto Plata, esto implica una transformación clara: el turismo no puede seguir operando como una actividad aislada, sino como el eje de un sistema económico integrado con la agroindustria, la logística, los servicios, la economía creativa y las zonas francas.

Hoy, por ejemplo, el gasto promedio de un crucerista en destino se estima entre US$80 y US$120 por día. La diferencia entre capturar el mínimo o el máximo de ese gasto depende directamente de la calidad del encadenamiento productivo local. Cada dólar que no se integra al territorio es valor que se pierde.

Esa visión quedó claramente reflejada en el Foro Empresarial. Durante el evento, tanto Peter Prazmowski, en su rol de director ejecutivo del Consejo Nacional de Competitividad, como José Ignacio Paliza, insistieron en una idea que conecta directamente con la Meta 2036: la República Dominicana necesita avanzar hacia reformas de segunda generación, centradas en productividad, desarrollo territorial, especialización sectorial y colaboración público-privada.

Esto no es un planteamiento teórico. Es una necesidad económica.

Según estimaciones internacionales, un aumento de apenas 1 % en la productividad laboral puede generar incrementos de hasta 2 % en el ingreso per cápita en el mediano plazo. Es decir, la productividad no es un concepto técnico: es el principal determinante del bienestar.

Puerto Plata tiene condiciones reales para liderar esta transición. Primero, por su posición logística y conectividad (puertos, aeropuerto internacional y flujo turístico consolidado). Segundo, por su base empresarial activa. Tercero, por su potencial de articulación territorial.

Pero para lograrlo, debe enfrentar tres desafíos estructurales:

1. Encadenamiento productivo: integrar el turismo con la economía local.

2. Capital humano: elevar la formación técnica y bilingüe.

3. Institucionalidad económica: reducir fricciones, mejorar permisos y garantizar reglas claras.

Aquí es donde la Meta 2036 adquiere sentido estratégico. No se trata únicamente de una meta temporal, sino de un cambio de enfoque: pasar de una economía que crece por inercia a una economía que produce valor de manera consciente y estructurada.

Ese enfoque fue reforzado en el Foro Empresarial como una hoja de ruta clara: avanzar hacia un modelo donde el crecimiento esté guiado por productividad, y no al revés. Porque al final, la diferencia entre un territorio que progresa y uno que se estanca no está en cuánto crece, sino en cómo organiza ese crecimiento.

El Foro Empresarial de Puerto Plata, convocado por la Cámara de Comercio y Producción de Puerto Plata que preside Mileika Brugal, abre precisamente ese espacio de reflexión estratégica. Y deja planteada una tesis que debería convertirse en consenso nacional: Puerto Plata no necesita más crecimiento.

Necesita más productividad. Porque en la economía moderna, los territorios que prosperan no son los que hacen más cosas, sino los que hacen mejor las cosas que ya hacen.


Defensor del Pueblo de la República Dominicana.