Arroz grano largo y grano corto

La soberanía alimentaria y los límites de la resistencia comercial en el DR-CAFTA

El día que se revelen los intríngulis de las relaciones formales e informales entre Estados Unidos y República Dominicana, Luis Abinader emergerá como uno de los presidentes que con mayor ahínco ha defendido al país. Le han tocado circunstancias complejas y escasos instrumentos para resistir las exigencias de una potencia de la que tanto dependemos.

El arroz resume esa desigualdad: es grande para un país pequeño y pequeño para un país grande. Según DASA, cada dominicano consume 65 kilos anuales; la referencia estadounidense ronda los 12 kilos. Aquí, la producción nacional cubrió aproximadamente el 96 % del consumo en 2024. Está en juego la base de nuestra alimentación.

En Estados Unidos, la cosecha arrocera de 2025 tuvo un valor preliminar de 2,434 millones de dólares, frente a 66,651 millones del maíz y 43,619 millones de la soya. El arroz equivale apenas al 3.7 % del valor del maíz. Pero exportan entre el 40 % y el 45 % de su cosecha arrocera y necesitan compradores.

Aquí, Agricultura atribuye al sector más de 30,000 productores y 80,000 empleos directos. Washington defiende una salida comercial; nosotros, el sustento de comunidades enteras. De un interés pequeño para su economía, ha hecho un problema grande para la nuestra.

La derogación del decreto protector del arroz, reclamada por Estados Unidos bajo los compromisos del DR-Cafta que viola, muestra los límites de nuestra resistencia. El tratado existe y obliga; también existe una desigualdad que ningún lenguaje diplomático consigue disimular.

Gobernar exige evitar males mayores. A veces toca comer arroz blanco, solo, y administrar la impotencia. Una concesión dolorosa puede ser la decisión prudente, aunque sepa a derrota. Defender al país también consiste en contener las pérdidas y preservar margen para tiempos con menos nubarrones. La soberanía se ejerce con los recursos disponibles, incluso cuando resultan insuficientes frente al poder ajeno. 

Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.