La reelección del vicepresidente
¿Puede la vicepresidenta Raquel Peña reelegirse otra vez?
¿Puede la vicepresidenta Raquel Peña reelegirse otra vez? La pregunta, moneda de curso en mentideros políticos, parece simple; la respuesta, menos. La Constitución dominicana habla con firmeza cuando quiere y calla cuando conviene. El artículo 124 fija un límite inequívoco al presidente; el 125, en cambio, guarda silencio sobre el vicepresidente. En derecho, un abogado amigo dixit, los silencios suelen ser más elocuentes que los discursos. Lo que no se prohíbe, se permite. Y el vicepresidente, curiosamente, no está prohibido de permanecer. No hay techo, ni cláusula de desgaste. Su continuidad depende de una variable más política que jurídica, tal es la voluntad del candidato presidencial que lo elija como compañero de boleta. Es decir, no decide quedarse; lo invitan a quedarse. Si el elector refrenda esa fórmula, la permanencia se legitima una vez más. ¿Inocente la asimetría? Lo dudo. El constituyente cerró el paso al continuismo del poder personal, pero dejó abierta la posibilidad de una continuidad más discreta. Mientras el presidente gobierna, el vicepresidente acompaña. La sutileza reside en que el segundo mandatario no encarna el poder, pero orbita en torno a él.
¿Es esto un vacío o una decisión deliberada? Probablemente lo segundo. El sistema evita el exceso de poder en una sola figura, pero permite que ciertas presencias se prolonguen en el tiempo sin levantar alarmas institucionales. Así, mientras la puerta principal se cierra con llave, una lateral queda entreabierta.
Si la interpretación constitucional de este palurdo es correcta, dos fórmulas potenciales asoman en la boleta del gobernante Partido Revolucionario Moderno. ¿Carolina y Raquel, dos mujeres y santiagueras? Difícil. ¿David Collado y Raquel? Totalmente posible. ¿Qué diría la vice? A veces, en política, permanecer es otra forma, más paciente, de avanzar.