El Papa vs Trump: la disputa por el límite

El choque de dos visiones opuestas sobre el ejercicio del poder

El choque entre Papa León XIV y Donald Trump va más allá de un exabrupto en la política contemporánea. Es, en esencia, una disputa sobre los límites del poder. En estos tiempos y estas circunstancias, nos adentramos en una discusión engorrosa.

Trump no discute al Papa como interlocutor.  Lo descalifica olímpicamente. Llamarlo “débil” es una negación implícita de la validez de la autoridad moral frente a la lógica de la fuerza. En modo alguno equivale a un juicio sobre la posición eclesial ante un conflicto internacional.  El presidente republicano concibe la política en términos de eficacia, y, en ese tenor, la imposición es lo que cuenta.

El Papa, en cambio, no responde en ese registro.  Su misión no es competir y por tanto se sitúa en otro plano —el del Evangelio, que no es negociable ni plebiscitario— y desde ahí introduce una idea que hoy parece casi subversiva: el poder debe contenerse. No todo lo posible es legítimo.

Ahí está el núcleo del conflicto.

Durante buena parte del siglo XX, incluso en sus momentos más ásperos, la política aceptó —al menos formalmente— la existencia de contrapesos éticos. Hoy, en cambio, asistimos a una tendencia distinta. El poder se ejerce, y se justifica a sí mismo. En ese proceso, cualquier instancia externa, ya sea religiosa, institucional o intelectual, pasa a ser sospechosa.

Por eso el episodio trasciende lo anecdótico. No es el Papa contra Trump. La pregunta es muy compleja: ¿quién le pone límites al poder cuando este deja de reconocerlos?

La respuesta, si llega, no vendrá de un tuit ni de una homilía. La encontraremos, o no, en la capacidad de las sociedades para sostener que, incluso hoy, el poder no es absoluto.

Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.