De arriba y de abajo

Más que un voto, la democracia se mide por la oportunidad

Quizás porque somos una nación joven o la dictadura estranguló el desarrollo de una burguesía, los vericuetos sociales son aquí menos escarpados.  Conviven las distintas clases sociales y la democracia encuentra oportunidades para renovarse. Lejos de ser un obstáculo, el policlasismo muta en fuente de vitalidad cuando los caminos reales para el ascenso social están abiertos.

Sea del barrio, barro o cuna privilegiada, los dominicanos vivimos en armonía. La envidia y los resentimientos sucumben ante la verdad de nuestro dinamismo y la facilidad con que aceptamos al otro, hasta sin escarbar en el origen de las fortunas.

Subir desde abajo no ocurre en el vacío. Quien lo logra honestamente, muchas veces lo hace sostenido por políticas públicas efectivas, una escuela que cumplió su promesa, una comunidad que acompañó. Es el mérito del individuo, sí, pero también de un entorno que funcionó. Si ese entramado está presente, el desarrollo deja de depender del azar y se convierte en una posibilidad compartida.

Más que por el voto, una democracia madura se mide por su capacidad de ofrecer oportunidades. Cuando el esfuerzo puede transformarse en progreso, cuando el origen no condiciona el destino, el sistema político gana legitimidad y la coexistencia se fortalece.

La movilidad social, entonces, no es solo una historia personal: es un indicador de salud democrática. En ese tránsito, la diversidad construye, no divide. Y la democracia se transforma en casa común donde todos, desde distintos puntos de partida, podemos avanzar.

Retornar al viejo cliché marxista de la lucha de clases, cubierto de pátina nacionalista o chorradas en redes, conspira contra el colectivo. En paz social, de un modo u otro, todos progresamos. En el desorden y el odio, todos perdemos.

Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.