Las zonas comerciales históricas sobreviven al boom de plazas comerciales

La 30 de Marzo, Villa Juana y la John F. Kennedy mantienen clientela, especialización y tradición frente al auge de los centros comerciales

Exhibición de neumáticos y aros en una calle de Villa Juana, en el Distrito Nacional. (Neal R. Cruz / DIARIO LIBRE.)

Mientras la zona urbana de Santo Domingo brilla con la presencia de centros comerciales, el asfalto de las avenidas tradicionales posee una historia de resistencia.

Aunque las plazas han desplazado el flujo de las masas, renovando el consumo del ciudadano a una experiencia de comodidad y aire acondicionado, existen arterias que se niegan a ser silenciadas.

Desde el espacio rítmico de los equipos de audio que definen la 30 de Marzo, pasando por Villa Juana, hasta los dealers en la John F. Kennedy, estos no son solo puntos de venta, pues, representan una economía de calle que lejos de desaparecer, ha blindado su identidad para sobrevivir a la era del mall.

El surgimiento de las plazas como nuevo ecosistema de consumo no es casual, sino una evolución que comenzó con hitos como la emblemática Plaza Central y Plaza Naco, y que alcanzó su punto de máxima sofisticación con la llegada de colosos como Blue Mall, Ágora Mall, Galería 360, Sambil y Downtown Center.

Estos establecimientos han redefinido el mapa del Distrito Nacional, ofreciendo una experiencia de compra climatizada y segura que responde a la aspiración de estatus del dominicano; sin embargo, han encontrado una barrera infranqueable en las arterias ya mencionadas.

Impacto y especialización de sectores clave en Santo Domingo

Ruth Guevara, asesora de ventas en Peravia Motors, sostiene que, aunque esa empresa no posee sucursales en plazas de la República Dominicana, tampoco tiene pensado hacerlo hasta el momento, debido a la buena presencia que tiene en la avenida John F. Kennedy por más de 60 años.

A diferencia de los comercios que ven en las plazas un refugio de seguridad, Peravia Motors ve en la Kennedy un canal publicitario vivo. "La exposición siempre va a ser buena", afirma Guevara, destacando que su infraestructura está diseñada para ofrecer un servicio que las restricciones logísticas de un centro comercial a menudo dificultan.

En torno a la competencia, lejos de sentirse afectados por la proximidad de otros negocios similares, en Peravia Motors lo ven como un ecosistema natural. "La competencia va a existir siempre desde que el mundo es mundo y nosotros confiamos en nuestro producto y el sol sale para todos", sentencia Guevara.

En Villa Juana, José Ramón Zabala, propietario del negocio de repuestos para vehículos Mora y Zabala Comercial, destaca que trasladarse a una plaza comercial implicaría perder una clientela fiel para intentar captar una nueva, algo que no se logra de la noche a la mañana.

Mientras que en una plaza el flujo es de desconocidos, en la calle se mantiene una red de apoyo. “Si una pieza no está en su estante, el colega de al lado la facilita. Somos hermanos entre sí”, afirma Zabala, describiendo un ecosistema de colaboración imposible de replicar en pasillos de un centro comercial.

Al ser cuestionado sobre por qué el dueño de un vehículo prefiere esa zona frente a la comodidad de un centro de servicios, la respuesta es sencilla: el bolsillo. Zabala destaca que el factor económico y la flexibilidad del precio son el imán de la zona.

“Aquí uno puede manejar el precio, cuenta y cobra al cliente, y eso hace que la gente se motive”, señala. Explica que, en la calle, el regateo es una herramienta de negociación que humaniza la transacción, algo que desaparece frente a las cajas registradoras de las grandes plazas.

A pesar de desafíos como la falta de parqueos y la competencia de las compras por internet, Zabala ve su negocio potencializado en los próximos 10 años, puesto que la fama que ha cosechado el sector es un activo más fuerte que cualquier campaña de mercadeo.

Para Zabala, si la calle se organiza sin perder su esencia de precios bajos y variedad, no habrá plaza comercial que logre desplazar el legado histórico de los repuestos en Villa Juana.

Para Rafael González, quien tiene alrededor de 43 años en el sector de la electrónica, la avenida 30 de Marzo es simbólica, puesto que, aunque ha visto el crecimiento de las plazas comerciales, la jerarquía urbana del dominicano es inamovible y, cuando de sonido se habla, el ciudadano prefiere optar por esta histórica zona comercial.

González considera que se ha acelerado la cultura de lo desechable. “Ahora venden equipos que son prácticamente desechables. Son económicos, pero si se dañan, se botan”, indica.

Esta inundación de productos de baja calidad y baratos ha herido de muerte al oficio de la reparación de audio. Según González, arreglar estos equipos hoy cuesta más que comprar uno nuevo, lo que ha obligado a los talleres tradicionales a especializarse exclusivamente en televisores para sobrevivir.

Pero el comerciante no endulza la realidad. Admite que las plazas generan ganancias en términos de seguridad y parqueos. “La diferencia es del cielo a la tierra", confiesa. Mientras en una plaza el cliente da vueltas el día entero, en la 30 de Marzo el ritmo es de asfalto: parquearse un minuto, resolver e irse.

A pesar de la contaminación sónica y de las crisis mundiales que golpean el bolsillo, González se mantiene firme en su rincón desde 1983. Para él, estar en esta avenida es estar en el centro del mundo del sonido.

Asimismo, para Andrea Fernández, quien labora en la Electrónica Fernández, la permanencia en la 30 de Marzo no es solo una cuestión de tradición, sino de una simbiosis con sectores que las plazas comerciales no logran atender con la misma especialización.

A diferencia del consumidor masivo que busca un equipo doméstico, el mostrador de esa electrónica sigue siendo el destino obligado para dos pilares del futuro y el presente del audio: los estudiantes y los artistas.

“Dependemos mucho de los eventos que se hacen y de los estudiantes”, explica Fernández, subrayando que la 30 de Marzo funciona como una extensión de las aulas y los escenarios.

Al ser consultada sobre qué ofrece la avenida que una plaza no puede igualar, Fernández reconoce que desafíos como los parqueos son una realidad constante y ve en la calle una ventaja competitiva: la capacidad de mover y probar equipos con una agilidad que las restricciones de una plaza comercial harían imposible.

El blindaje cultural que los centros comerciales no pueden emular

Las plazas comerciales han sido el resultado de una meticulosa lectura de la sicología del consumidor, donde un estudio de mercado realizado por el Grupo Velutini en el 2007, reveló que el dominicano es el que más valor otorga al estatus, alcanzando al 83 % de las mujeres y al 75 % de los hombres.

Esta búsqueda de sofisticación fue el motor que impulsó la apertura de Blue Mall en el 2010, transformando un terreno de esparcimiento tradicional en un epicentro de lujo que obligó a las arterias comerciales de toda la vida a repensar su propuesta de valor para no quedar en el olvido.

En ese orden, la resistencia de la 30 de Marzo, Villa Juana o John F. Kennedy no es solo una cuestión de economía, sino de supervivencia cultural.

A pesar de los desafíos de seguridad, la falta de estacionamientos y la sombra de los grandes centros comerciales, los dueños de negocios tradicionales han blindado su legado con la única moneda que la plaza no puede emitir: la especialización absoluta y la hermandad gremial.

 Periodista egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), enfocado en economía y finanzas.