Wembanyama y el temor a su “descuento de la casa”

El gran sueño de dueños de la MLB amenaza con convertirse en una pesadilla en la NBA

Victor Wembanyama, izquierda, emerge como uno de los principales candidatos a ser el rostro de la NBA. (AFP)

La decisión de Victor Wembanyama de firmar una extensión de contrato por el 25 % del tope salarial y renunciar al supermax del 30 % —lo que habría elevado su acuerdo de 252 a 303 millones de dólares—, ha sacudido los cimientos de la NBA... y se mira bien de cerca desde la MLB, el esquema que los dueños quieren instaurar en el nuevo pacto. 

Mientras en San Antonio celebran la flexibilidad financiera que esto otorga a la franquicia para construir un contendiente alrededor del prodigio francés, en el gremio de los jugadores la lectura es mucho más fría. 

Para muchos, lo que Wemby llama “compromiso con la familia Spurs”, otros lo ven como un peligroso precedente de abaratamiento del talento élite. David Kelly, jefe del sindicato, ha lanzado la voz de alerta.

El punto de fricción es el concepto del max contract. Históricamente, el tope máximo ha sido el refugio sagrado de las estrellas: si eres el mejor, obtienes el máximo permitido. Al aceptar voluntariamente menos, Wembanyama no solo deja de ganar 50 millones, sino que altera la curva de referencia para futuras negociaciones, lo que tanto exigen los sindicatos. 

Si el jugador más determinante de la liga no toma el máximo, ¿qué argumento le queda a una estrella de segundo nivel para exigir su techo salarial? La preocupación gremial es legítima: en un sistema donde los presupuestos son finitos, el “sacrificio” de una estrella suele traducirse en un ahorro para el dueño, no siempre en un mejor equipo, convirtiendo la generosidad del jugador en un subsidio directo al club.

El paralelismo

Este escenario cobra una dimensión fascinante al observar el horizonte de la Major League Baseball. Mientras la NBA lidia con las tensiones de su tope salarial, los dueños de los equipos de la MLB miran hacia los sistemas de cap and floor (tope y piso) como el modelo aspiracional para su próximo Convenio Colectivo (CBA) tras expirar el actual en diciembre próximo. 

Los propietarios de las Grandes Ligas, frustrados por una disparidad de ingresos que consideran insostenible, buscan romper con su tradición de mercado abierto para adoptar un modelo similar al de la NBA y NFL, con una repartición de ingresos más centralizada.

La ironía es absoluta. Mientras la MLB intenta emular la estructura de la NBA para “equilibrar” su liga y limitar el poder de negociación de las estrellas, en la NBA, los propios jugadores empiezan a flexibilizar esas estructuras que los dueños de la MLB tanto codician. 

  • Si el modelo de la NBA se vuelve “flexible” gracias a la buena voluntad de sus figuras, el sistema que los dueños de la MLB desean podría terminar siendo menos eficiente de lo que esperaban, ya que la gran ventaja de un tope salarial es su rigidez.

El caso Wembanyama es un recordatorio de que, en los deportes profesionales, el contrato no es solo un papel legal; puede llegar a ser una declaración de principios. Para Wembanyama, el anillo vale más que el escalón del 30 %. El básquet ofrece más opciones de ingresos que el béisbol, siempre que la figura no se llame Shohei Ohtani y su gran mercado japonés.

El disgusto

Sin embargo, para el sindicato de jugadores de la NBA, el peligro es que este gesto se convierta en una nueva norma. Si el sacrificio se vuelve obligatorio —o al menos implícito— para quienes buscan ganar campeonatos, el contrato máximo dejará de ser un derecho de la estrella para convertirse en un estigma de egoísmo. 

En la búsqueda de la gloria, el “efecto Wembanyama” podría estar rediseñando la economía del baloncesto, creando una tensión constante entre el deseo de ganar y la obligación de defender el valor de mercado de todo un gremio. b

Licenciado en Comunicación Social, egresado de la Universidad Dominicana O&M. Ejerce como periodista especializado en deportes desde el 2001. Es editor de Deportes de Diario Libre.