Dos tragedias apagan la alegría del bulloso barrio Batey Bienvenido este fin de semana
La muerte de una niña, supuestamente a manos de su madre y un infarto de una vecina marcaron el fin de semana
El domingo amaneció distinto en el Batey Bienvenido, en Santo Domingo Oeste. Las calles, acostumbradas al bullicio de la gente y de los vehículos, principalmente motocicletas, estaban marcadas por el silencio.
Detalles del caso
Frente al parque, la gente se agrupaba y comentaba en voz baja la muerte de una niña de 10 años, herida de gravedad, según la Policía, por su propia madre. La menor falleció el sábado mientras recibía atenciones médicas.
En menos de 24 horas, dos viviendas separadas por apenas unos 50 metros, en la calle Porfiria Berroa, quedaron unidas por el mismo dolor, porque la esposa del hombre que auxilió a la menor falleció ese mismo día de un infarto mientras llevaba a uno de sus hijos al Aeropuerto Internacional de Las Américas.
Impacto en la comunidad
Ambos hechos tenían compungidos a los vecinos. Las sonrisas se apagaron y las familias esperaban recibir los dos cuerpos para velarlos. Nadie quería hablar del caso de la niña y algunos de sus familiares incluso reaccionaron de manera violenta ante la prensa que acudió en busca de información.
Una familia esperaba la entrega del cuerpo de la niña de 10 años, cuya vida terminó de la manera más inesperada y cruel. En otra vivienda, una segunda familia aguardaba el cadáver de la mujer que murió de un infarto.
Muere niña de 10 años en Manoguayabo tras ser presuntamente herida por su madre
Todo comenzó el sábado… De acuerdo con la Policía Nacional, la menor fue herida en el cuello con un arma blanca presuntamente por su madre, Glenny Tallería Alberto, de 43 años, miembro de la institución del orden. La niña fue trasladada de urgencia a un centro de salud por un vecino, pero falleció mientras recibía atenciones médicas.
El vocero policial, Diego Pesqueira, informó que la madre permanece bajo custodia del Ministerio Público mientras continúan las investigaciones. Agregó que, según las indagatorias y los testimonios de familiares y vecinos, la mujer recibía tratamiento psiquiátrico desde 2023 por problemas de salud mental.
Sin embargo, quienes la conocían aseguran que nunca imaginaron un desenlace de esa magnitud.
Acciones oficiales
Los vecinos la describen como una mujer tranquila e inteligente, perteneciente a una familia numerosa, integrada por más de siete hermanos, la mayoría profesionales. Nadie recuerda episodios de violencia que hicieran prever una tragedia semejante.
“Estoy impactado. La comunidad entera está afectada”, dice Freddy Álvarez, uno de los residentes del sector. Aunque asegura que desconocía los detalles sobre la condición médica de la mujer, reconoce que había escuchado que estaba siendo medicada.
Para él, el caso vuelve a poner sobre la mesa una preocupación nacional. “El Gobierno debería tomar una decisión. Hace tiempo que el psiquiátrico no funciona. Se deberían adoptar medidas para que esto no vuelva a repetirse”, expresa, al recordar otros hechos similares ocurridos en el país.
Pero, si la madre era conocida por su discreción, la niña era todo lo contrario: su alegría era imposible de ignorar.
“Esa niña la queríamos todos”, cuenta José Antonio Hidalgo, quien con frecuencia la llevaba al colegio y la acompañaba de regreso a su casa. “Desde que me veía, venía a abrazarme. Era una niña alegre, querida por todo el mundo”, recuerda con la voz entrecortada.
En medio del dolor, Hidalgo encuentra una explicación desde su fe y llama a la reflexión espiritual. Aunque reconoce que la madre atravesaba problemas de salud mental y estaba bajo tratamiento, insiste en que la comunidad también necesita fortalecer otros aspectos de la vida familiar y emocional.
Y, como si el dolor no fuera suficiente, el destino añadió otro golpe.
El vecino que llevó a la niña herida hasta el centro médico recibió horas después una llamada que cambió su vida. Su esposa, que había acompañado a uno de sus hijos al Aeropuerto Internacional de Las Américas, sufrió un infarto cuando regresaba a su hogar y falleció.
Así, el mismo hombre que intentó salvar una vida tuvo que enfrentar, casi de inmediato, la pérdida de la persona con quien compartía la suya.
Al mediodía del domingo, ambas familias esperaban los cuerpos de sus seres queridos. Dos velatorios se preparaban prácticamente uno al lado del otro. Dos hogares enlazados por una tragedia que nadie vio venir.
En el Batey Bienvenido todavía cuesta encontrar palabras para explicar lo sucedido. Solo quedan el silencio, las puertas abiertas para recibir a familiares y vecinos solidarios, y la certeza de que, en un solo fin de semana, un barrio entero perdió parte de su tranquilidad.
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