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Ligia Amada Melo
Ligia Amada Melo

Ligia Amada Melo: “Hay una división muy grande entre la escuela y el Ministerio”

Con sus 69 años de experiencia en el sistema educativo dominicano, la exfuncionaria hace un diagnóstico del modelo de enseñanza primaria, secundaria y universitaria

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Ligia Amada Melo: “Hay una división muy grande entre la escuela y el Ministerio”
Ligia Amada Melo conversó con Diario Libre desde el patio de su casa, en el sector Mirador Norte. (DIARIO LIBRE/DANIA ACEVEDO)

En Ligia Amada Melo se acumulan 90 años de vida y 69 de experiencia en el sistema educativo dominicano. 

En el 1957 comenzó a ser maestra, todavía en la Era de Trujillo, y luego le tocó dirigir la transición de la escuela dominicana al siglo XXI desde su posición de secretaria de Educación, Bellas Artes y Cultos (1996-2000). Después fue ministra de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (Mescyt) por 12 años (2004-2016).

La exfuncionaria es autora de iniciativas como el programa de inglés por inmersión, el sistema de becas nacionales e internacionales, el fondo de investigación científica, programas de formación tecnológica, la evaluación quinquenal de universidades y la semana científica. Además, fue la primera en introducir computadoras en las escuelas públicas en 1998.

El sistema de enseñanza que vivió en el siglo pasado y que describe en detalle es muy diferente al de hoy.

Alrededor de 500 mil niños estaban fuera de la escuela, el analfabetismo rozaba el 18 % a nivel nacional —y superaba el 30 % en zonas del sur— y los centros educativos operaban en hasta tres tandas, lo que reducía las horas efectivas de docencia. 

A esto se sumaban la casi inexistencia del preescolar público, una formación docente limitada, debilidad en la educación técnica, ausencia de atención a estudiantes con necesidades especiales y altos niveles de deserción, repitencia y sobreedad.

Tres décadas después de planes, reformas y políticas aplicadas por sus sucesores la profesora tiene claro cuáles son las debilidades que impiden avanzar. 

Cita la desconexión entre las autoridades, que diseñan estrategias interesantes, y los profesores, que deben aplicarla. 

Hay una división muy grande entre la escuela y el Ministerio (de Educación). El ministerio te planifica muchos planes bonitos, pero eso no llega a la escuela. Los profesores no lo aplican. Se diseña un nuevo currículo; los profesores no lo conocen. Nadie le da seguimiento, los profesores hacen lo que ellos consideran”, plantea.

—¿Cuáles factores impiden el avance de la educación dominicana?

Primero, los niños no aprenden a leer, no aprenden a comprender lo que leen. Llegan al tercer curso sin saber leer y continúan con una lectura vacía; incluso llegan a la universidad con esa misma deficiencia.

Uno de los lastres ha sido que los programas educativos en la República Dominicana no se aplican ni se evalúan; se modifican y se sustituyen por otros sin evaluarlos.

Otro problema fundamental es que hay una desconexión muy grande entre los ministerios; no hay coherencia en las políticas.

También hay un déficit grande en el manejo de las tecnologías a todos los niveles, no solo en tener los equipos, sino en saber aplicarlos en la enseñanza.

Otro problema es que el sector empresarial participa poco en la solución de los problemas educativos; señala las deficiencias, pero no se involucra en resolverlas ni aporta apoyo técnico o económico. Incluso podría, por ejemplo, contratar técnicos internacionales calificados y ponerlos a disposición de las universidades para fortalecer la formación y la calidad académica, pero no lo hace.

La educación superior tampoco está respondiendo: las universidades no actualizan sus carreras, mantienen programas obsoletos y no forman profesionales acordes a las necesidades actuales.

La calidad de la docencia ha bajado; muchos profesores no tienen la formación adecuada ni las herramientas para enseñar en el contexto actual.

—¿Los programas de Inglés por Inmersión y de becas se han desnaturalizado?

Sí, algunos programas se han mantenido, pero no con la misma intensidad ni calidad.

En el caso del Inglés por Inmersión, se redujeron las horas de clase, se eliminaron los supervisores regionales, se dejó de usar el componente tecnológico y se perdió la práctica de enviar a los estudiantes a Estados Unidos para reforzar el idioma.

En cuanto a las becas, se han eliminado acuerdos con universidades de alto nivel y se han sustituido por otras de menor calidad, lo que afecta la formación de los estudiantes.

—¿Cree que el Mescyt debería regular la cantidad de maestros por hora y a tiempo completo en las universidades?

El Mescyt tiene un rol regulador, pero no puede meterse en la propiedad privada de las universidades para definir cómo contratan o pagan a sus profesores. En la práctica, la mayoría de los docentes son contratados por hora y reciben salarios bajos, en muchos casos “irrisorios”, lo que los obliga a trabajar en dos y tres universidades y les impide dedicarse plenamente a la docencia y la investigación. En la UASD hay mayor margen de intervención estatal, pero en el sector privado esa capacidad es limitada, lo que termina afectando la calidad educativa.

—¿Debería existir tantas universidades?

No, eso es un atraso. Nunca he estado de acuerdo con tantas universidades privadas.

Eso es un engaño a la juventud. Esos muchachos van con el deseo de tener oportunidades y salen sin formación; cuando las empresas los evalúan, no consiguen trabajo.

Se están creando centros sin profesores, sin laboratorios y sin hacer estudios de qué carreras necesita cada región. Así no se impulsa la educación superior.

Fusionar los ministerios sería un retroceso

No estoy de acuerdo con la fusión de los ministerios. Considero que eliminar el Ministerio de Educación Superior sería un retroceso para el país.

Estoy de acuerdo en que se necesita una transformación total del sistema educativo, pero eso no requiere fusionar instituciones. Lo que se necesita es una ley coherente, políticas claras y trabajo coordinado entre el nivel preuniversitario, el superior y el Infotep.

Fusionar los ministerios no resolvería los problemas; por el contrario, podría agravarlos, y en cinco años veríamos un retroceso mayor que el que tenemos hoy, porque ambos niveles tienen déficits distintos que requieren atención específica.

—¿Deberían eliminarse las Pruebas Nacionales?

Hay que quitarlas. Lo que se debe hacer son pruebas diagnósticas en cada ciclo, por ejemplo en tercer grado y en sexto, para ver las deficiencias y capacitar a los profesores para corregirlas. La prueba nacional es una formalidad y cuesta muchísimo dinero. El 70 % de la nota es acumulada por los profesores y la prueba vale 30; así cualquiera pasa. Además, tiene varias convocatorias seguidas y no se corrigen las deficiencias. Es mejor evaluar por ciclos y trabajar sobre los problemas detectados que mantener una prueba que no está aportando a mejorar la calidad del aprendizaje.

TEMAS -

Periodista y escritor. Egresado de la UASD, con una trayectoria en prensa televisiva y varios medios impresos.